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EL FINAL DE UN CAMINO
Me complace informar que algunas de las historias que contienen este blog, así como muchas otras nuevas, han inspirado un libro que ha sido publicado por la Editorial Autografía:
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FANTASMAS, una síntesis en la historia
Ya lo decía Salomón: “nada nuevo bajo el
sol”.
Egipcios y griegos, en sus mitologías,
hacen partícipe al mundo espiritual de su devenir histórico, provocando un
hondo calado en las conciencias de sus ciudadanos. Esa psique común, sueña y
camina teniendo presente la resurrección de Osiris o la
posibilidad que tuvo Orfeo de dar vida a su amada y difunta Eurídice; el amor es
el denominador común en ambos casos. Son mitos bellos en su contenido y
desbordantes de moraleja: hay puertas que nos pueden transportar al más allá o
al menos hacernos contactar con personas de ese otro lado.
La misma Biblia, en pasajes como el libro
primero de Samuel, nos comunica con personas muertas como el propio Samuel; las
instituciones eclesiásticas posteriores, olvidando que Jesús resucita de entre
los muertos, analizarán estos hechos bíblicos propios del engaño del Diablo y,
en consecuencia, asumirán la dualidad bien-mal. Esta dualidad, sin embargo, se
origina en la antigua Persia con Ormuz y Ahrimán, entendiendo los Dioses como
un espíritu del bien y otro del mal presentes en todos nuestros actos.
En Roma se honraba a los muertos con
máscaras familiares y plañideras en los entierros pero también se les temía,
sobre todo a los asesinados como ocurría en la cultura china. Es conocida la
historia de Bruto y las visitas que sufrió del espíritu de Julio César que le
atormentó hasta su muerte recordando el
acto vil cometido. Plauto y Apuleyo, genios de las letras romanas, ya aterraban
a sus ciudadanos con alguno de sus escritos. Plinio el Jóven, el gran
estadista, nos legará otro documento interesante: En una villa de la Atenas
clásica existía un fantasma, con grilletes y cadenas, que atormentaba a los
diferentes habitantes de la casa. Hagamos una pausa, ¿les suena de algo
fantasma con grilletes y cadenas? Es posible que en este momento concreto se
forjara una leyenda que nunca ha podido ser olvidada.
Si nuestra particular máquina del tiempo
retrocediera a las cavernas (honra suprema para nuestros antepasados que comenzaron a iluminar el camino) y su mundo animista, podríamos observar como ese
hombre primigenio ya tenía miedo y respeto a los espíritus tal como se observa
en sus primeras manifestaciones artísticas así como en los enterramientos.
La escritura, ese gran avance sin
parangón en la humanidad, se inicia, según se cree por los historiadores, con
el Poema de Gilgamesh de época sumeria. A estas alturas del viaje, nadie se
asombrará si descubrimos que en una de las tablillas el amigo muerto de
Gilgamesh se manifiesta para guiar su camino.
La lista es extensa e incluiría a tan
variadas culturas cómo: la América prehispánica, pueblos de Asia y Oceanía
dónde la figura del Chamán como interprete de los espíritus fue una verdadera
referencia cultural.
La Edad Media, como época espiritual, es un mundo dónde lo
maravilloso y sobrenatural se mezclaba con la realidad en un guiño de lo más
natural: Hadas, Dragones, duendes y demás seres tomaban fuerza en los mentideros
y tabernas de la época.
Poco a poco con el Renacimiento, la
Ilustración y los movimientos románticos se van adoptando conceptos distintos,
más tendentes a la razón. La Iglesia, como institución, aporta su granito de
arena para ofrecer un único mundo mágico, los milagros de Jesús, y no la
heterogeneidad de pensamientos que, por otra parte, le hacían tanto daño en su
férrea doctrina. La Inquisición y la quema de brujas y herejes son buena
muestra de ello.
Pero como dijo el historiador francés
Georges Duby: “el miedo a lo invisible continuará profundamente arraigado en
nuestras entrañas. A medida que se difunde el conocimiento científico, vamos
adquiriendo más y más conciencia de que hay cosas que no podemos conocer”. La
puerta sigue abierta a todo ser humano que la quiera abrir y así comenzaremos a
escuchar visiones de fantasmas en castillos y edificios ancestrales o las
leyendas de zombies en sociedades con ritos vudú y vampiros en la Europa del
Este; no dejan de ser muertos que nos visitan, una vez más.
Serían incontables los casos y personajes vinculados a
ese otro mundo, desde la Edad Moderna a nuestros días. Valga como ejemplo un
escritor conocido en todo el orbe: Sir Arthur Conan Doyle, padre de Sherlock
Holmes, fue uno de los máximos partidarios de las doctrinas espiritistas de su
época en base a experiencias con el más allá. Incluso una de sus novelas de lo
paranormal apunto estuvo de ser protagonizada por Mr holmes (para saber más se puede pinchar en el nombre de Sir Arthur en rojo o aquí) y convertir a este
en un creyente más, los intímos del escritor hicieron
que Conan Doyle no tomará esa deriva. Quizás el mundo no estaba preparado para
convertir al héroe racional en un creyente de lo espiritual. La pregunta es clara: ¿estamos preparados ahora para ese paso?
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EDWARD SHERIFF CURTIS, el último amigo de los indios norteamericanos
Un hombre, norteamericano, que no era científico. Alto, de ojos azules soñolientos y una voz sonora. Un gran autodidacta que fue dejando atrás sus prejuicios para escalar las más altas barreras morales y terminar su vida demostrando a la sociedad el significado de humanidad. Pero sobre todo un amigo de los indios americanos, de los orígenes de su tierra. Esta última frase con la que hoy día todos simpatizaríamos -tristemente más de cara a la galería- a principios del pasado siglo XX no era tomada igual: el indio era un bárbaro, un ser de supercherías y ridículos comportamientos (ni siquiera se dignaban a llamarlos ritos).
Edward S. Curtis fotografío durante años personajes de todo tipo y un buen día delante de su objetivo tuvo a un indio norteamericano, un personaje anónimo que sin saberlo cambió la vida de Curtis para siempre. Posteriores expediciones le llevaron a ser contratado para diversas investigaciones científicas con carácter antropológico, poco a poco fue tomando más contacto con los indios y descubría que esos rostros de otros tiempos llenaban más el objetivo que las fotografías de magnates de origen europeo, a pesar de toda su buena cantidad de dólares.
Todas estas fotografías de indios son recogidas en "El indio norteamericano". Curtis que demostraría su torpeza e incomprensión al principio hacia los indios -provocando algún incidente famoso dónde los indios sacaban su malestar a relucir: rifles que se disparan a sus espaldas, tierra sobre su cámara, etc..- acabó dejando una vida de comodidad para sumergirse de lleno en los rituales sagrados. El célebre Manitu o "Gran Misterio" indio pudo ser revelado por los chamanes a Curtis, quizás el único "piel blanca" que lo conoció. Era capaz de estar casi 20 días sin ingerir alimento, danzar al son de los tambores y morder una venenosa serpiente cascabel; en definitiva durante años fue un indio más, disfrutando de toda su sabiduría.
Sobre su obra fotográfica se ha publicado mucho, la persona, ese ser espiritual en que se convirtió, se puede resumir en algunas de sus palabras. Llamado por los indios Hopis "el hombre que duerme sobre su respiración", después de ver cómo hinchaba su colchón neumático, nos dejó las siguientes impresiones:
"Los profanos hemos de tener cuidado en no enjuiciar a los indios según nuestras propias normas, en lugar de aceptar sus usos y costumbres. También ellos consideran algunas de nuestras costumbres extrañas e inmorales". Antropología en estado puro en esta máxima.
“La muerte de cada hombre o mujer significa el fin
de alguna tradición, de algún conocimiento o rito sagrado, que sólo
ellos poseen. Por lo tanto, la información que pueda ser recopilada
para las futuras generaciones debe recogerse ahora o la oportunidad se
perderá para siempre”. Estas palabras traducen el respeto y la pasión por la cultura india.
Vivir entre los indios, bailar la danza del sol ó amar a esta raza que vivía su ocaso en reservas y no parecía interesar a nadie, cambió su forma de ver la vida y ello lo plasmó con su cámara fotográfica. Una vida romántica que merece se recordada con nuestras reflexiones sobre el indio norteamericano.
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TURQUÍA INFINITA
Turquía infinita. Infinita porque si uno se propone recorrer este país se enfrentará a una barbaridad de kilómetros, infinita también porque son innumerables los sitios a visitar e infinita por su herencia en el tiempo y la historia. Desde ese mágico e incomprendido asentamiento pre-neolítico, haciendo frontera con mi amada Siria, llamado Göbleki Tepe (los arqueólogos tienen mucho trabajo aquí ya que la cronología del Neolítico podría ser cambiada. En una época dónde tendría que haber pueblos nómadas, aparece Göbleki Tepe como un mega-santuario o ciudad monumental), pasando por los Imperios Bizantino y Otomano y hasta los tiempos modernos encabezados por Atatürk, Turquía ha tenido un gran protagonismo mundial. Y sino que se lo pregunten al manco más famoso de la Batalla de Lepanto...
Muchos focos de protagonismo a destacar de este país, muchos modelos a seguir por sus vecinos como los Jenízaros: aquellas unidades de infantería únicas en su tiempo en cuánto a devoción y valor, compuestas de cautivos y esclavos en principio y posteriormente por otomanos de diferentes provincias que desde muy pequeños eran apartados de su familia y criados en un ambiente militar férreo, al más puro estilo espartano.
Los Jenízaros eran la guardia de honor del Sultán, aquel gobernante que nos retrotrae a tiempos de gloria para los otomanos y un ligero velo de orientalismo con sus harenes y sus costumbres exóticas. Hasta un Harén llegó una mujer valenciana, de nombre Esther, que según cuenta la tradición se convirtió en la favorita del Sultán gracias a sus artes amatorias.
Un antagonista para los españoles fue Barbarroja, llamado Jeireddín, pero siendo reconocido como "Barbarossa" por los italianos. No es el pirata berberisco ni el emperador germánico pero, sin duda, fue un verdadero martillo para las posesiones del Imperio Español en el Mediterráneo; el Imperio Otomano le debe el control del mar y por ello fue ascendido a Almirante de la armada turca.
Otro Almirante del Imperio Otomano fue Piri Reis, aquel que dibujó en un mapa el contorno de la costa Oriental de América del Sur en 1513 cuándo aún no se había cartografiado el continente americano. Uno de esos misterios en la historia que tan poco gustan en los círculos académicos ortodoxos.
El pueblo turco, venido de las temidas estepas mongoles, ha sido cuna de grandes Ciudades-Estado: en Anatolia o Asia Menor podemos visitar las ruinas de la mítica Troya, la monumental Éfeso o la elevada -por su posición en la montaña- Pérgamo. Por aquí han desfilado, y se dice pronto, griegos, persas, macedonios con el gran Alejandro Magno, romanos, cruzados o árabes entre otros. Que a nadie se le olvide que en esta zona, Anatolia, surge la primera moneda en una ciudad llamada Lidia y además se asentaba uno de los primeros templos curativos o "Asclepeion" del mundo (con la serpiente y el opio como elementos principales).
El pueblo turco, venido de las temidas estepas mongoles, ha sido cuna de grandes Ciudades-Estado: en Anatolia o Asia Menor podemos visitar las ruinas de la mítica Troya, la monumental Éfeso o la elevada -por su posición en la montaña- Pérgamo. Por aquí han desfilado, y se dice pronto, griegos, persas, macedonios con el gran Alejandro Magno, romanos, cruzados o árabes entre otros. Que a nadie se le olvide que en esta zona, Anatolia, surge la primera moneda en una ciudad llamada Lidia y además se asentaba uno de los primeros templos curativos o "Asclepeion" del mundo (con la serpiente y el opio como elementos principales).
Más allá del Asia Menor, Turquía sigue fascinando en ciudades como Estambul o regiones cómo la Capadocia; sobre esto hay mucho, y muy bueno, escrito así que me limitaré a afirmar que Estambul es única por esa mezcolanza cultural y ese sincretismo en templos. Capadocia es el desafío de la naturaleza y el hombre al medio . La antigua capital del Imperio Otomano, Bursa, nos enseña esplendor de otros tiempos en Mezquitas, Mausoleos o su Bazar de la Seda pero sobre todo nos deja el curioso detalle de ser la ciudad del primer índice bursátil -derivando del nombre de la ciudad, Bursa-, un índice que hoy día nos asfixia tanto o más que el veneno de una serpiente.
Posadas caravaneras, o "KervanSaray" para los comerciantes de la Ruta de la Seda, pueden ser visitadas hoy día. Todo un ejercicio mental para nuestra anquilosada forma de viajar es poder sentarse en estas posadas medievales e intentar comprender la motivación de aquellos hombres para atravesar zonas desérticas de Oriente.
Pamukkale con sus aguas termales, el espectáculo de piedra caliza convirtiendo la zona en un auténtico "castillo blanco" (es el significado de Pamukkale en turco) y las ruinas de la Hierápolis, son un enclave de lo más recomendable por la belleza del blanco en su montaña, el poder regenerador de sus aguas y el esplendor de sus ruinas que son fruto de asentamientos persas, griegos, romanos, selyúcidas, etc...un mosaico de pueblos que podemos extrapolarlo al resto del país.
En el interior del país, en concreto en la ciudad de Konya, se levanta el mausoleo de Mevlana Rumí. Una personalidad mística para todo el Islam ya que sus enseñanzas como sufí son interpretadas casi como palabra divina. Fundador de la orden de los Derviches Giróvagos, aquellos que dan vueltas sobre sí mismos entrando en trance, y poeta de reconocido prestigio. Su vida y sus enseñanzas deberían ser conocidas en todo el mundo, su transcendencia y su mensaje de amor es tan universal como el mismo Dios que desde las alturas nos contempla a todos los seres humanos. Todo un honor haber conocido su forma de vivir, su legado poético y literato en múltiples cuentos sufíes, la orden monástica de los derviches y, porque no decirlo, haber paseado al lado de su tumba dónde uno contempla un espectáculo de fe y pasión como el que se puede ver en la Lourdes cristiana por ejemplo.
En definitiva, Turquía es esto y mucho más ya que, como dije al principio, es infinita. Nuestro corazón aún late con fuerza al recordar todo lo visitado, país considerado como la "Puerta de Oriente" nos ofrece un espectáculo visual tan bello cómo la historia que le contempla.
Para reflexionar una frase, que la gente turca repetía en más de una ocasión, del maestro sufí Mevlana Rumí: "Que seas como apareces y parezcas como eres". No es tan simple la frase como creemos a simple vista...
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Las huellas de Tierra Santa
Cómo si de un investigador privado se tratara, me dispuse a emprender viaje sin olvidar una lupa para no perder detalle, gabardina de cuello alto para el frío nocturno de nuestra investigación y la sempiterna pipa como vehículo de meditación. De esta guisa espiritual, más propia de un Sherlock Holmes, tomamos rumbo a Tel Aviv. Desde esta moderna ciudad el camino a Jerusalén es corto, en menos de una hora nos presentamos en la gran capital de la espiritualidad; la ciudad de las tres grandes religiones del libro.
Descansamos cuerpo y mente en un lugar privilegiado: el Monte de los Olivos, allí se encontraba nuestro hotel enclavado a los pies de Getsemaní, es decir dónde Jesús de Nazaret fijó su campamento en Jerusalén. El Monte de los Olivos también es importante porque aquí instaló su campamento la X Legión romana, en el 70 D.C., para el asalto y destrucción de Jerusalén. Para la tradición judía es igualmente importante ya que sitúan el lugar como el primero dónde Dios comenzará a resucitar almas; así, hoy día, podemos observar miles (se calculan en 150.000) de tumbas judías. Las noches allí pasadas respiraban magia.
Comenzamos nuestra singular aventura en Bethelem o Belén, atravesando un muro de vergüenza que separa a los ciudadanos de primera judíos de los enclaustrados palestinos; si alguien tenía dudas sobre como era un Gueto tiempo atrás no tiene mas que acercarse a los Territorios Palestinos. Los controles de las autoridades judías no impiden que lleguemos al lugar de nacimiento de Jesús de Nazaret, dónde se respira una paz singular que ilumina la gruta de tan recordado evento. Las hordas persas, al tomar Palestina y llegar a Belén, respetaron -y no destruyeron- la Iglesia que se levantó sobre la gruta del nacimiento al encontrar una imágen de los tres Reyes Magos venidos de Oriente, de sus tierras persas; casualidad o no es un lujo poder perderse en esos muros hoy día. Pasear por Belén y contemplar sus laderas plagadas de viviendas de piedra blanca es casi contemplar aquellas chozas y pastores del imaginario cristiano; el ejercicio no es tan descabellado cuándo uno se encuentra en Belén.
Cruzamos el control para volver a ingresar en Israel, nuestros pasos nos van a llevar a Jerusalén. Mucho se ha hablado de esta gran urbe y poco más hay que añadir: la religión judía la venera por ser la capital histórica de la antigua Judea y por ser el territorio dónde se edificó el Gran Templo, del cuál hoy queda el famoso Muro de las Lamentaciones. A la derecha de este muro, lugar de prisas, hombres de negro sin afeitar los mechones rizados del cabello y algo de integrismo religioso, se encuentra el segundo lugar -el primero es la Meca- más sagrado para el Islám: la Mezquita de la Cúpula de la Roca dónde Mahoma ascendió a los cielos; se acompaña de una fantástica explanada, para la meditación, que termina en la Mezquita de Al-Aqsa. En muy pocos metros cuadrados Islám y Judaísmo comparten magia y espíritu; el rizo termina de rizarse cuándo, tras andar algunos pasos por el barrio árabe, se llega al Santo Sepulcro cristiano dónde la tradición sitúa la tumba de Jesús. El lugar, poblado de obras arte, está excesivamente recargado y las continuas visitas avivan esta sensación; tras observar la tumba de Adán debajo de la de Jesús uno cree que ya ha visto todo en ese lugar y no merece la pena reflexionar más. Paseamos y, al salir por la histórica Puerta de Damasco, nos encontramos con la Tumba del Jardín: la que rivaliza con el Santo Sepulcro por albergar la tumba de Jesús; la sencillez del lugar, el jardín que la rodea y el Gólgota observándonos nos transportan al año I. La sensación es clara: aquella parece ser la tumba que cedió José de Arimatea, al menos tuvo que ser algo parecido. Magia pura se respira.
Jerusalén sorprende por su mezcla de colorido en el barrio árabe, recogimiento en el barrio judío -más aún si se pasea en Sabbath con sus estrictas normas- y modernidad -entendida como globalización- del barrio cristiano. El barrio armenio, el cuarto de la ciudad antigua, nos ofrece un aspecto medieval de la ciudad. Las tres religiones, judaísmo, cristianismo e islám, se mezclan en muchos puntos sin llegar al sincretismo; es muy curioso observar ejemplos como el lugar de la última cena o cenáculo cristiano: además de ser santo lugar para los cristianos, en el complejo encontramos la tumba del rey David (lugar de meditación y sumo respeto de los judíos) y, para sorpresa general, observamos como el cenáculo fue convertido en Mezquita la cuál nos ha legado unas bellas cápsulas de escritura sufí. Sin mezclarse en su fin pero sí en determinados paradigmas, las tres religiones, vuelven a estar presentes en un lugar mágico y plagado de sentimientos.
Pero el actual estado de Israel, la antigua Palestina, ofrece también la posibilidad de bañarse o flotar en el Mar Muerto (el punto más bajo del Planeta Tierra) y acercarse a Masada; la fortaleza construida por Herodes el Grande sirvió de trágico escenario cuándo en el año 74 D.C. los romanos provocaron que cientos de judíos, los últimos defensores de Judea tras la destrucción de Jerusalén, se suicidarán en masa. El sentimiento de nacionalismo que se tradujo de este suicidio colectivo llega hasta nuestros días, el judío de hoy día recibe el último aliento de esos muertos para tratar de no volver a perder su patria. El vínculo emocional es tan fuerte que Masada es un vehículo de unión para la nueva nación israelita. El enclave es espectacular, en mitad del desierto y anclada en lo alto de un promontorio rocoso se halla esta fortaleza inexpugnable con su sistema de cisternas, habitaciones y hasta un palacio que destaca por su policromía. El funicular moderno o la antigua rampa construida por las legiones romanas pueden elevarte a tan simbólico lugar dónde se funden arqueología y espiritualidad en un abrazo eterno. A mitad de camino entre Masada y el Mar Muerto está uno de los lugares que la arqueología ha señalado como especialmente relevante por su mensaje: las cuevas de Qumrám, dónde se encontraron los misteriosos manuscritos del Mar Muerto que tantas teorías y suspicacias han levantado, un lugar de recogimiento espiritual para aquella secta llamada de los Esenios (de la cual Jesús pudo haber recibido influencia).
Por último, nuestros pasos nos acercarán a una antigua provincia despreciada por Judea en tiempos de Mesías: Galilea. Evidentemente, y no es obligación ninguna, nuestro punto de vista no la tomará en balde. Allí, al Norte del país, encontramos Nazareth, lugar de residencia de Jesús y su familia; la gruta dónde hacían su vida y el lugar, al aire libre, dónde José tenía su carpintería nos vuelven a transportar al año I. Dejamos atrás Caná, no sin antes evocar el milagro de la Boda, Tiberiades -lugar santo también para los judíos- y hacemos alto en Cafarnaúm dónde Jesús eligió gran parte sus discípulos -allí se puede observar la casa de Pedro- y se atrevió a lanzar mensajes revolucionarios al mundo entero. La magia de este sitio se encuentra en las ruinas de la antigua ciudad, con una espléndida sinagoga, que recibió los pasos de Jesús así como en el Mar de Galilea o Lago Tiberiades que baña sus orillas; la paz y armonía de este lugar hacen sentir al viajero la necesidad de salvaguardar espacios naturales para estar en armonía con su divinidad, sea cual sea esta.
La ruta nos muestra el Monte Tabor, lugar de la transfiguración de Jesús, y los Altos del Golán, aquel punto de conflicto entre sirios e israelitas hoy día, para acabar en las aguas del Jordán. Allí dónde Jesús recibió el bautismo de Juan es dónde nuestro viaje tomará a su fin. El Río Jordán, en frontera con Jordania igual que el Mar Muerto, recibe visitantes de forma imparable día tras día y aquello, como otros sitios de interés en el país, ha sido controlado por Israel y sus Kibutz: familias aposentadas en un lugar para explotarlo, colonizarlo y sacarle el máximo partido en pro del estado de Israel. El negocio aquí se hace con la fe de las diferentes comunidades cristianas, el enclave es encantador pero todo parece indicar que Jesús fue bautizado en otras coordenadas, cercanas a este Kibutz pero también mas cerca de Jordania. El agua, eso sí, pertenece al mismo río y eso se transmite en las caras de felicidad de miles de personas que son bañados y bautizados.
La despedida de Jerusalén, rumbo a Tel Aviv, nos deja muchas preguntas en el aire pero también una sensación de paz absoluta por haber pisado la Tierra Santa de las tres grandes religiones del libro. Hay algo que despierta en el interior y es acompañado por el impulso de los grandes profetas, aquellos que siempre han estado presentes en la historia. Con la necesidad imperiosa de luz cerramos este capítulo y abrimos el libro de la espiritualidad que nos evocará, eternamente, los bellos lugares de Tierra Santa.
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Praga: nazis y esoterismo
Cuándo uno decide perderse en las calles de Praga lo está haciendo, casi sin darse cuenta, en la historia de Europa. Múltiples edificios, tantos que se pierde la cuenta, ofrecen diferentes estilos arquitectónicos rematados con esculturas o pinturas que merecerían un análisis más detallado al propuesto por las guías o rutas por la ciudad. La prisa, ese virus del turista moderno, en Praga no es un buen aliado.
Nos vamos a centrar en un período concreto, aquel que pretendía hacer de esta maravillosa ciudad la 4ª urbe del III Reich.
La fotografía corresponde al entierro de Reinhard Heydrich en el Castillo de Praga o Hradcany. Engalanado con el ceremonial de las SS, el cuerpo del segundo de Himmler, fue velado con todos los honores posibles. Y se hizo en el Castillo de Praga ya que aquí se había asentado el cuartel general de la Gestapo para salvaguardar el destino del Protectorado nazi de Bohemia y Morabia - actual República Checa-. Heydrich, ese tipo peculiar de mirada persuasiva y acusado de un exceso tanto de vanidad como de extravagancia en las memorias de Walter Schellenberg (colaborador suyo en la inteligencia nazi), había decidido fijar su residencia en el propio Castillo tan ávido de gloria como los históricos ocupantes del mismo antaño. Aquí, entre estos muros, empieza y acaba todo: desde su paseo inicial con Hitler pasando revista a las tropas hasta su funeral, debido a un atentado perpetrado por checos apoyados en el idealismo de Churchill.
Los alemanes no se conformaron con el territorio de los Sudetes y ampliaron sus miras a todo el territorio checo. Y les pasaría factura; cierto es que se ocupa sin batallas sangrientas pero la resistencia contra las tropas alemanas en ciudades como Praga fue una de las más activas de Europa.
Los siete checos, procedentes de Gran Bretaña (dónde se organizaban tropas de países ocupados), que acribillaron a Heydrich con sus metralletas tuvieron que refugiarse en la Iglesia de los santos Cirilo y Metodio. En la cripta uno de ellos se desangró por la metralla de la división SS que les acosaba y los otros seis, ante los gases lanzados por los SS, decidieron poner fin a sus vidas disparándose unos a otros y así evitar escarnios o juicios perdidos de antemano. Los agujeros de balas aún pueden verse en las paredes de la cripta dónde se ha instalado una especie de santuario en su memoria.
Si uno tiene la suerte de entrar sólo a esa cripta, y se abstrae del mundo exterior, por un instante retrocederá a 1942 en un mundo de espías, resistencia e uniformes SS. Una gran experiencia para los amantes de este periodo de la historia. En el Castillo de Praga, entre la marea de turistas y sus respectivos guías, es imposible recrear estas imágenes; luego en la soledad de la noche, cuándo sueño y realidad se confunden, puede ser posible.
Miembros de la Iglesia que accedieron a esconder a sus héroes nacionales fueron juzgados posteriormente, ya daba igual porque el mito de los siete había surgido y sería imparable el sentimiento entre los checos.
El tercer punto caliente de Praga, desde el punto de vista de la ocupación nazi, es el barrio judío también llamado Josefov. En su abigarrado cementerio, con lápidas encima de otras, se siente el dolor de un pueblo que no tuvo mucho espacio en vida y tampoco en la muerte. Esta sensación se esfuma al observar, como en cualquier otro barrio judío de Europa, el buen nivel de vida de algunos judíos de la comunidad checa propietarios de algunos comercios boyantes. Joyerías para más detalles. Aquí, entre las calles medievales y la sinagoga más antigua de Europa (una visita imprescindible para entender una parte de nuestro continente) se persiguió a miles de judíos que fueron llevados a la localidad cercana de Terezín y posteriormente a Auschwitz.
Entre la comunidad judía de Praga se usó una vieja leyenda llamada "Golem" para buscar ayuda espiritual contra los nazis, al parecer este ser monstruoso propio del folclore acude en ayuda cada vez que se pronuncian las palabras adecuadas pero con el riesgo de volverse contra uno mismo (similar al Frankenstein de Mary Shelley). Pero al final el Golem supo elegir a los malvados y librar así a la población judía de Praga, su magia es explotada aún en nuestros días en forma de variado merchandising. Algún viajero se asombrará de lo bien conservadas que están las sinagogas del Josefov y esto se debe a que los alemanes, después de expulsar todos los judíos de Europa, pretendían hacer en este lugar el "Museo de la raza extinta".
Con toda la animadversión hacia la ocupación nacionalsocialista uno puede pasear por ciertas calles perpendiculares a enclaves históricos y encontrarse con tiendas de antigüedades dónde se ofrecen, entre muchos otros, cartas, libros o folletos de la Alemania nazi. Buceando entre el papel antiguo, con ese característico tacto áspero, se puede encontrar como ejemplo folletos o libros de presentación de las Olimpiadas berlinesas de 1936. Cuándo se abren estas páginas, ajadas por el tiempo y sin embargo vivas en recuerdos, se pueden sacar muchas conclusiones favorables: organización, burocracia perfecta, afán de agradar al mundo con buenas intenciones...etc. Pero cuándo se comparan, estas conclusiones, con las claves que hemos tocado más arriba se llega a contracciones difíciles de explicar en palabras y quizás en las que las letras por muy bien que se junten en ordenadas frases no son nada al lado de los sentimientos. Cerramos esos libros antiguos con la sensación que Joseph Goebbels y Leni Riefensthal hicieron un gran trabajo en los XI Juegos Olímpicos de la era moderna.
El paseo continua y llegamos al lugar mágico por excelencia de Praga: La iglesia de Loreto. Himmler, tan abierto a los misterios, se interesó en este lugar por sus extrañas representaciones aunque pronto la búsqueda de reliquias sagradas y la propia guerra, con sus necesidades, hicieron que pasará a segundo plano. Las tropas SS destacadas en el Castillo no tenían más que subir una calle para encontrar a la derecha este extraño santuario.
El nombre Loreto, evoca la casa de Nazaret dónde el arcángel Gabriel anunció a María la concepción de Jesús. Originario de tierras palestinas el santuario fue trasladado por peregrinos a Italia, algunos dicen que con la ayuda de ángeles. En Praga, los católicos, fundaron el Loreto en 1626 para así restar adeptos a los protestantes; ya se sabe que las leyendas y el misterio son más atractivos que millones de postulados y por ello no dudan en usarlo en esta Iglesia:
así encontramos a Santa Ágata que, en un gesto sin precedentes, ofrece su pecho sangriento a los ángeles que parecen, por sus gestos, esperar ansiosos este fruto.
También destaca Santa Starosta crucificada y rodeada de ángeles con rasgos diabólicos, si uno pasa rápido por esta capilla creerá haber visto a Jesucristo en una de sus múltiples representaciones y, sin embargo, es una mujer barbuda con zapatos y facciones femeninas que en la cruz representa el sufrimiento de la mujer; la leyenda habla de Starosta como una jóven que se rebeló contra el futuro matrimonio que su padre orquestó y así se dejó crecer la barba para desagradar a su pretendiente. Su padre la asesinó por este hecho y su sufrimiento está reflejado en el conjunto escultórico.
Numerosas representaciones de capuchinos reflexionando o adorando calaveras hacen de este lugar un enclave esotérico donde los haya, un lugar dónde peregrinaban personajes de dudosa fe católica ante la magia y el misterio del lugar. Quizás uno de los santuarios cristianos mas extraños en sus composiciones.
El paseo llega a su fin, es hora de reflexionar sobre todo lo propuesto. Praga, por supuesto, es mucho más que su huella nazi y su esoterismo pero sobre todo lo demás hay mucha literatura escrita.
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La TRÍADA humana, un camino de fe
- El fuerte oleaje, junto al viento como gran socio, conseguía que las palabras fueran expulsadas con vigor de nuestras gargantas. El horizonte era tan bello aquella tarde que parecía componer un mensaje celestial a sus súbditos. Sin duda, era momento de expresar mi sentir; no tardé en hacerlo.
- Siempre me he preguntado tres cuestiones - hablaba con voz firme y despreocupada sin llegar al tono vanidoso que nunca me sedujo - y sin embargo ahora ante el repiqueteo de las campanas parece no importar ya. Esa melodía otrora molesta ahora parece la más dulce de las composiciones.
-
- No obstante, en tu interior – dijo el apuesto caballero que tenía frente a mí – la llama sigue viva. Y es tal el ardor que se deja sentir, presto a seguir combatiendo, que no cesará ni ahora ni en el mañana.
Le miraba a los ojos y veía un ser inescrutable en su inmensa sabiduría, con un aire místico, acrecentado por las olas del mar que rompían a su espalda contra la mezcla de arena y roca que componía la playa. De vez en cuando alguna nube cruzaba por encima de nuestras cabezas y me sacaba de mi ensimismamiento pero aún así sabía que una batalla dialéctica era más fácil perderla que la pugna presentada por espada. A fin de cuentas era un caballero, preparado para las armas pero también para filosofar, así eran los Grandes Elegidos.
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- Es extraño, parece ser – le espeté, mirándole a los ojos y lanzándole el desafío- que no te importa que tres cuestiones son las que me atañen y sin embargo pareces quemarte los dedos en mi ardor. ¿pretendes demostrar conocimiento?
-
- Todos conocemos pero no todos comprenden, distinto es quien sabe leer de quien sabe interpretar. Lo oculto sólo es revelado a ojos de unos pocos y la Diosa de la Sabiduría gusta de practicar el escondite. Con ello eliminamos a los que buscan la Verdad únicamente a través de la fuerza. Su destino lleva al caos. En tu caso, se lee en tus ojos los tres ciclos vitales representados en tres cuestiones tan antiguas como eternas. Y tu llama pesa el doble que el manto auto-impuesto; cuando sepas despojarte del manto comprenderás pero ¡cuidado! el ropaje humano que llevas no debe arder ya que sería tu final. Un triste final. No olvides la amarga vida de Mefistófeles, aquel desdichado ser que, movido por la envidia, decidió darle la espalda a la luz y promover esta oscura causa para así atraer protagonismo hacia él mismo; al final consiguió ocultar la luz a muchos humanos pero nadie le hace caso porque los mismos que desprecian la luz no creen en la sombra. Son partes de un todo indivisible, puedes confundir a los demás pero al final te quemarás junto a ellos.
Un escalofrío recorrió mi espalda, el tronco de madera que nos sostenía sentados a ambos, uno frente al otro, parecía no ser el asiento vigoroso que había elegido. El Elegido me miraba con fijeza y sus ojos se clavaban con tanta fuerza que me sentía débil, muy débil. Los tres ciclos del hombre pasaban rápido por mi mente: la vida, la muerte y la resurrección.
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SHERLOCK HOLMES espiritista
"Supongo que si alguien es Sherlock Holmes, ese soy yo; y digo que el caso sobre el espiritismo está totalmente demostrado".
Respuesta de Sir Arthur Conan Doyle a la prensa de su época.
No es fácil digerir el asunto que van a tratar estas líneas, vaya por delante que no es pretensión el buscar adeptos para una causa que, en todo caso, es ajena a nuestra percepción. Debatir estos asuntos es tan inútil como tratar de convencer a dos aficionados deportivos de distinto equipo de cuál es mejor. Y sin embargo, hay momentos de duda dónde se abre una ventana que creíamos cegada eternamente, hay circunstancias que nos obligan a reflexionar. Y este verbo, en toda su magnitud, si nos gusta para enfocar el tema que vamos a tratar. Reflexionar es el más sabio ejercicio de la humanidad, al que parecemos dedicarle poco tiempo o, en otros casos, lo empleamos en divagaciones sin trascendencia que parecen ser el deporte internacional de nuestra vieja especie.
Como una tormenta apabullante, característica del monzón indio, Sir Arthur Conan Doyle, el escocés inmortal, presentó su fe en el espiritismo. En las conciencias de la época, principios del siglo XX, se percibió un gran revuelo. El autor del detective más metódico, empírico y por ende racional, afirmaba que la nueva religión espiritista era el futuro de la humanidad. Un futuro alejado de miedos y temores porque nuestra alma, se anunciaba, es inmortal. Desde el principio, en Europa, se subraya la idea de religión y no de movimientos esotéricos, sectarios o sociedades secretas; la idea era sencilla a la par que singular, el conocimiento espiritual abierto a todos para así crear una sociedad mejor. Esta nueva religión, desde finales del XIX consiguió atraer a muchas personas errantes en lo místico, encantó pero también desencantó y esto último como consecuencia de numerosos fraudes que, desgraciadamente, se repetían con frecuencia.
Sin embargo, lejos de la mentira, estuvieron muchos personajes relevantes del momento que dedicaron sus vidas a la nueva religión espiritista. Sabios, científicos, filósofos e incluso clérigos le daban un empaque distinto con sus conclusiones alejadas de la vulgaridad. Conan Doyle, como escritor y miembro relevante de la sociedad londinesa, tenía una deuda moral con este movimiento. Al principio escéptico en materias psíquicas, su mente fue cambiando a raíz de la muerte de su hijo menor en la I Guerra Mundial. Profundamente abatido se dejó guiar hacia una sesión espiritista de la que salió impresionado al hablar, supuestamente, con su hijo. Fue entonces cuándo su tristeza se tornó en esperanza, una nueva vía infinita se abría ante sus cansados ojos y el mundo, que parecía gris, de repente tomaba una gama de colores tan vivos como el más bello amanecer. En su mente una bella idea, no había ocaso sin alba.
Sherlock Holmes, desde su aparición en 1887 en Estudio en Escarlata, había calado hondo en las conciencias con sus eternos atributos: gabán, sombrero y pipa. El icono del detective más racional comenzaba a ser universal. Y sin embargo Conan Doyle nunca se sintió totalmente agradado por Sherlock Holmes, suponemos que cerraba las vías a esa nueva religión que acaba de conocer y esto le causaba, a Conan Doyle, una fuerte contradicción interna. Hasta el punto que quiso matar al detective y su madre, entre otras personas de su círculo, le hizo dar marcha atrás en esta idea; siempre le perseguirá la sombra de obras secundarias que consideraba, personalmente, más importantes que el entretenimiento de Sherlock Holmes. En 1926, empujado por esa deuda moral al espiritismo que tanto le había ofrecido, publica Historia del espiritismo y una obra más enigmática llamada The land of the Mist (traducido al español con el sugerente título de El País de las Brumas o La Tierra de la Niebla).
En esta última obra, The Land of the Mist, nos vamos a detener por su complejidad. Aquí los personajes son copias, con nombres cambiados, de la realidad que Conan Doyle había vivido en sus prácticas espiritistas. Lo más sorprendente es que Sherlock Holmes estuvo cerca de aparecer en la novela, de ser el racionalista/científico que cambia su parecer ante la evidencia de lo espiritual; de nuevo tuvo que cambiar esta idea inicial por la presión de su círculo ante la polémica que generaría. El profesor Challenger, presente también en otras obras suyas como la célebre El Mundo Perdido, toma las riendas de este personaje que vivirá un proceso evolutivo y tendente a lo espiritual. Quizás, partiendo de esa idea inicial de incluir a Sherlock Holmes en la novela, el detective al no aparecer finalmente en la misma, parte su papel en dos: uno es Challenger como decíamos y el otro es un periodista, Edward Malone, frío y calculador como Challenger pero menos explosivo que no tiene más remedio que sucumbir al mundo de los espíritus ante tanta evidencia. Ambos sucumben a la "verdad", como Conan Doyle lo había hecho y como quería que lo hiciera Sherlock Holmes para ofrecer otra visión del detective a sus seguidores. Hubiera sido un tremendo mazazo a las conciencias.
En The Land of the Mist se describen ectoplasmas, posesiones controladas por mediums sensibles, movimientos de objetos y hasta casas encantadas por espíritus errantes y atrapados en nuestro mundo. Todo tiene un denominador común: la reciprocidad en la ayuda de un mundo al otro para dar a conocer los misterios de la muerte. Como en el Libro egipcio de los Muertos, a lo largo de la novela, se dan pistas para pasar de una esfera a otra y poder adecuarse rápidamente a la nueva "realidad". Siete esferas, siete caminos de perfección, son los que nos esperan tras esta vida para alcanzar nuestro autodesarrollo como seres espirituales que somos. Esta concepción de las esferas está presente en textos antiguos y manuscritos iniciáticos leídos en reuniones de sociedades secretas; Conan Doyle enseñará la "verdad" sin filtros.
Del lector depende, como casi siempre, sacarle el jugo a la sabiduría que se muestra. Muchos se escandalizarán, como parte del eterno conflicto entre ciencia y religión, otros descartaran la lectura simplificando todo en locura y unos pocos, los más sabios, comprenderán que para defender una verdad hay que conocer las verdades de los demás. A estos últimos la lectura les transportará a un mundo brumoso dónde el mensaje de amor y bondad impera, dónde tras las sesiones espiritistas o las visiones se ofrece un tranquilizador mensaje. Detrás del miedo primigenio existe un camino de perfección, tan sólo hay que abrir los ojos a ese mundo para comenzar a transitar por sus senderos; a veces estrechos y sinuosos e incluso peligrosos pero en definitiva reconfortantes. Valga como ejemplo aquella tesis de los matrimonios terrenales: sólo uno de cada cinco son verdaderos y, sólo estos por tanto, volverán a encontrarse en alguna de las siguientes esferas. Cuándo uno sabe enfocar su vida y, en definitiva, conoce sus mentiras y sus verdades sabrá buscar en su interior respuestas.
Conan Doyle encontró su verdad y quiso mostrarla a todos tal cual lo había hecho. Fue criticado por muchos y esto provocó, junto con otras experiencias anteriores de otras personalidades, que la información en mayúsculas se cifrará en códigos secretos cada vez más complicados. La crítica burlesca nunca es del agrado de quién cree poseer conocimiento. Muchos sabios han vivido, a lo largo de los siglos, esta desagradable experiencia.
Sherlock Holmes no aparece en la novela pero su sombra se deja sentir en muchos recovecos de la misma. Cualquier lector del célebre detective descubrirá su figura, sin estar, en comentarios, actitudes e incluso sentimientos. Y como Conan Doyle dijo, si Sherlock Holmes era él mismo en algún momento dejaría la pipa a un lado para asombrarse del mundo espiritual. Quizás fuera fugaz y en seguida volviera a enfundarse en su gabardina racionalista, pero ese momento existió.
Más allá de la posible fantasía, de los sueños llevados al extremo, Conan Doyle nos deja un mensaje altruista alejado de la trampa y la lucración. Un mensaje de humanidad que, hoy día, sigue siendo tan necesario como en los tiempos de la novela.
Porque como Sir Arthur Conan Doyle dice "...el estado más peligroso para un hombre o una nación se produce cuándo su lado intelectual está más desarrollado que el espiritual y ¿no es ésta la condición actual?..."
Reflexionar, como dijimos al principio, es lo único que nos queda ante una frase así. Ella resume, a la perfección, la vida del autor de Sherlock Holmes y quizás la del propio detective.
Sin embargo, lejos de la mentira, estuvieron muchos personajes relevantes del momento que dedicaron sus vidas a la nueva religión espiritista. Sabios, científicos, filósofos e incluso clérigos le daban un empaque distinto con sus conclusiones alejadas de la vulgaridad. Conan Doyle, como escritor y miembro relevante de la sociedad londinesa, tenía una deuda moral con este movimiento. Al principio escéptico en materias psíquicas, su mente fue cambiando a raíz de la muerte de su hijo menor en la I Guerra Mundial. Profundamente abatido se dejó guiar hacia una sesión espiritista de la que salió impresionado al hablar, supuestamente, con su hijo. Fue entonces cuándo su tristeza se tornó en esperanza, una nueva vía infinita se abría ante sus cansados ojos y el mundo, que parecía gris, de repente tomaba una gama de colores tan vivos como el más bello amanecer. En su mente una bella idea, no había ocaso sin alba.
Sherlock Holmes, desde su aparición en 1887 en Estudio en Escarlata, había calado hondo en las conciencias con sus eternos atributos: gabán, sombrero y pipa. El icono del detective más racional comenzaba a ser universal. Y sin embargo Conan Doyle nunca se sintió totalmente agradado por Sherlock Holmes, suponemos que cerraba las vías a esa nueva religión que acaba de conocer y esto le causaba, a Conan Doyle, una fuerte contradicción interna. Hasta el punto que quiso matar al detective y su madre, entre otras personas de su círculo, le hizo dar marcha atrás en esta idea; siempre le perseguirá la sombra de obras secundarias que consideraba, personalmente, más importantes que el entretenimiento de Sherlock Holmes. En 1926, empujado por esa deuda moral al espiritismo que tanto le había ofrecido, publica Historia del espiritismo y una obra más enigmática llamada The land of the Mist (traducido al español con el sugerente título de El País de las Brumas o La Tierra de la Niebla).
En esta última obra, The Land of the Mist, nos vamos a detener por su complejidad. Aquí los personajes son copias, con nombres cambiados, de la realidad que Conan Doyle había vivido en sus prácticas espiritistas. Lo más sorprendente es que Sherlock Holmes estuvo cerca de aparecer en la novela, de ser el racionalista/científico que cambia su parecer ante la evidencia de lo espiritual; de nuevo tuvo que cambiar esta idea inicial por la presión de su círculo ante la polémica que generaría. El profesor Challenger, presente también en otras obras suyas como la célebre El Mundo Perdido, toma las riendas de este personaje que vivirá un proceso evolutivo y tendente a lo espiritual. Quizás, partiendo de esa idea inicial de incluir a Sherlock Holmes en la novela, el detective al no aparecer finalmente en la misma, parte su papel en dos: uno es Challenger como decíamos y el otro es un periodista, Edward Malone, frío y calculador como Challenger pero menos explosivo que no tiene más remedio que sucumbir al mundo de los espíritus ante tanta evidencia. Ambos sucumben a la "verdad", como Conan Doyle lo había hecho y como quería que lo hiciera Sherlock Holmes para ofrecer otra visión del detective a sus seguidores. Hubiera sido un tremendo mazazo a las conciencias.
En The Land of the Mist se describen ectoplasmas, posesiones controladas por mediums sensibles, movimientos de objetos y hasta casas encantadas por espíritus errantes y atrapados en nuestro mundo. Todo tiene un denominador común: la reciprocidad en la ayuda de un mundo al otro para dar a conocer los misterios de la muerte. Como en el Libro egipcio de los Muertos, a lo largo de la novela, se dan pistas para pasar de una esfera a otra y poder adecuarse rápidamente a la nueva "realidad". Siete esferas, siete caminos de perfección, son los que nos esperan tras esta vida para alcanzar nuestro autodesarrollo como seres espirituales que somos. Esta concepción de las esferas está presente en textos antiguos y manuscritos iniciáticos leídos en reuniones de sociedades secretas; Conan Doyle enseñará la "verdad" sin filtros.
Del lector depende, como casi siempre, sacarle el jugo a la sabiduría que se muestra. Muchos se escandalizarán, como parte del eterno conflicto entre ciencia y religión, otros descartaran la lectura simplificando todo en locura y unos pocos, los más sabios, comprenderán que para defender una verdad hay que conocer las verdades de los demás. A estos últimos la lectura les transportará a un mundo brumoso dónde el mensaje de amor y bondad impera, dónde tras las sesiones espiritistas o las visiones se ofrece un tranquilizador mensaje. Detrás del miedo primigenio existe un camino de perfección, tan sólo hay que abrir los ojos a ese mundo para comenzar a transitar por sus senderos; a veces estrechos y sinuosos e incluso peligrosos pero en definitiva reconfortantes. Valga como ejemplo aquella tesis de los matrimonios terrenales: sólo uno de cada cinco son verdaderos y, sólo estos por tanto, volverán a encontrarse en alguna de las siguientes esferas. Cuándo uno sabe enfocar su vida y, en definitiva, conoce sus mentiras y sus verdades sabrá buscar en su interior respuestas.
Conan Doyle encontró su verdad y quiso mostrarla a todos tal cual lo había hecho. Fue criticado por muchos y esto provocó, junto con otras experiencias anteriores de otras personalidades, que la información en mayúsculas se cifrará en códigos secretos cada vez más complicados. La crítica burlesca nunca es del agrado de quién cree poseer conocimiento. Muchos sabios han vivido, a lo largo de los siglos, esta desagradable experiencia.
Sherlock Holmes no aparece en la novela pero su sombra se deja sentir en muchos recovecos de la misma. Cualquier lector del célebre detective descubrirá su figura, sin estar, en comentarios, actitudes e incluso sentimientos. Y como Conan Doyle dijo, si Sherlock Holmes era él mismo en algún momento dejaría la pipa a un lado para asombrarse del mundo espiritual. Quizás fuera fugaz y en seguida volviera a enfundarse en su gabardina racionalista, pero ese momento existió.
Más allá de la posible fantasía, de los sueños llevados al extremo, Conan Doyle nos deja un mensaje altruista alejado de la trampa y la lucración. Un mensaje de humanidad que, hoy día, sigue siendo tan necesario como en los tiempos de la novela.
Porque como Sir Arthur Conan Doyle dice "...el estado más peligroso para un hombre o una nación se produce cuándo su lado intelectual está más desarrollado que el espiritual y ¿no es ésta la condición actual?..."
Reflexionar, como dijimos al principio, es lo único que nos queda ante una frase así. Ella resume, a la perfección, la vida del autor de Sherlock Holmes y quizás la del propio detective.
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El BOSQUE: su significado oculto
Las personas que leen cuentos con asiduidad, sabrán que el bosque es un elemento predominante en ellos, incluso esencial. Y esto es así por influencia cultural-religiosa, es la fe que todos llevamos dentro y sobre todo la que, dependiendo de nuestra cultura y lugar de nacimiento, nos intentan inculcar. Nos transmite el bosque, casi sin nosotros darnos cuenta, elementos místicos que ya nunca desaparecerán de nuestras imágenes mentales.
Un claro ejemplo de ello es la importancia del bosque en los iniciados o iluminados religiosos que marcan nuestros senderos, así por ejemplo Buda o Krishná en sus largas meditaciones y reflexiones eligen el bosque como retiro; el huerto de Getsemaní, o de los Olivos, donde Jesús de Nazaret se retiró a recibir la inspiración divina no deja de ser un espacio natural que se podría denominar bosque sin miedo a equivocarnos. También es reseñable, como según algunas fuentes cristianas argumentan, que Juan el Bautista necesitaba largos retiros en un bosque profundo para meditar sobre la futura venida del Mesías.
En esta línea también, y haciendo una parada en los cuentos que todos conocemos, aparece Blancanieves con su retirada al bosque tras la orden de la reina que dictó su muerte; es aquí donde descubrimos una Blancanieves sacerdotisa, e iniciada, que busca la sabiduría a través de la meditación. Más allá de el hecho literal de refugiarse en un sitio frondoso, y seguro, como es un bosque, se está ofreciendo un trasfondo místico al lector que quiera abrir sus sentidos. Tema aparte sería los cuentos clásicos y sus mensajes para iniciados aunque, a veces, cueste encontrarlos entre la maraña de moralejas y/o moralidades básicas.
El mensaje secreto del bosque, lo entenderemos algo mejor si conocemos que, por ejemplo, para los budistas el árbol simboliza el grado supremo de sabiduría; que pueden alcanzarla todos los hombres de buena voluntad, ya que esta sabiduría sirve para librar al alma de los peligros del mundo y por consiguiente trae la salvación que tanto ansía el alma humana. Los judíos tienen en el árbol de la vida uno de los secretos de la cábala, es desde un concepto cosmológico un mapa de la creación divina; mapa que posteriormente copiaran, a su manera, cristianos, paganos y seguidores de Hermes Trimegisto. A partir de aquí la alquimia, esa ciencia que ansiaba el elixir de la vida y se desarrolla con el esquema del árbol muy presente, surge como elemento unitario de hombres que buscan iniciación.
Hay que pensar, también, que las brujas celebraban sus aquelarres en lo más profundo de la floresta, con lo cual también ellas lo veían como algo sagrado, donde recibirían una sabiduría a través de la mística (en sus diferentes interpretaciones). Estas reuniones, tan temidas en la Edad Media, siguen siendo tan desconocidas hoy día que las especulaciones son variopintas. En España, Zugarramurdi y sus brujas reunidas en espacios boscosos y cuevas parecían transmitirnos el mensaje de nuestros primeros antepasados, el respeto sagrado por la naturaleza y sus elementos que la componen.
Es importante recordar que para los celtas (venidos desde el Cáucaso, y asentados en el Norte de Italia y Norte de la Península Ibérica, pero sobre todo en la Bretaña francesa y Reino Unido) los árboles y los bosques fueron sagrados; nadie puede olvidar los conciliábulos, en lo más profundo del bosque, de sus druidas que tanto nos apasionan aún en nuestros días. La cultura celta, sobre todo, siente especialmente mágico el Avellano, un árbol que recibe su importancia en el cuento de Cenicienta haciéndola casi sin darnos cuenta Hija del Avellano.
En la versión de los hermanos Grimm de este susodicho cuento el mensaje es que, por muchos sinsabores que da la vida en su búsqueda de la verdad, el adepto (ojo al lenguaje simbólico, hablamos de adepto como buscador de la verdad y de la sabiduría secreta) si consigue vencer la tristeza y el dolor vencerá todos sus problemas y alcanzará su objetivo. Esto se refleja en el Avellano que planta Cenicienta a la muerte de su madre y como lo riega tres veces al día (simboliza las tres pruebas que debe pasar todo iniciado) hasta que con paciencia da sus frutos y el árbol florece; allí acude a orar tres veces al día (de nuevo el tres) y al poco aparecerá un pájaro blanco que, en la noche mágica, le da un vestido y unos zapatos preciosos con los que se va al baile. El alma de la madre vive en el avellano y se manifiesta en el pájaro (blanco, simbolizando la pureza), en esa bella armonía de la naturaleza. Todo se traduce en paciencia y perseverancia, dejando a un lado dolor y tristeza (por la situación con su madrastra). Es el triunfo de los “frutos que hacen esperar “.
En Roma, Plinio, ya nos hablaba de la importancia del árbol pero más allá, incluso en el hombre primitivo, el bosque era un sitio mágico, con infinidad de misterios. Intentemos asimilar el pensamiento de un hombre que vivió en aquella época donde todo su conocimiento es a base de sus sentidos, únicamente, sin más ayudas...y toda una naturaleza aún por explorar. Seguro que ahora comprendemos sus experiencias con el bosque y el significado que le daban.
El simbolismo del bosque, y todo su misticismo implícito, se mantiene en los cuentos y en elementos tan populares como el árbol de Navidad, con sólo una antigüedad de 150 años, puede sorprender lo reciente de esta tradición; ello proviene además de los protestantes centro-europeos, del Imperio Austro-Húngaro, para luego extenderse a toda Europa. En los países católicos lo usual era representar el nacimiento de Cristo con unas figuras que se denominaban, como actualmente, "belén".
Otro ejemplo del bosque es recogido por J.R.R.Tolkien en su compendio mitológico que comprenden sus obras; en la más conocida, El Señor de los Anillos, el bosque es visto como algo donde ocurren cosas fuera de lo normal y donde sus habitantes, los árboles, cobran vida y se reunen en concilios, simbolizando estos la sabiduría reflejada en el paso de los siglos y su experiencia adquirida. Mal llamada literatura fantástica, la obra de Tolkien refugia a sus personajes más sagrados y versados, los elfos, en los bosques; demostrando, una vez más, la plena armonía de la naturaleza y el iniciado.
Además podríamos añadir que, para los literatos, el bosque es lugar de refugio y sobre todo paso obligado de caminantes que persiguen algo importante, trascendente y a veces sagrado; podríamos encontrar la clave en las leyendas del ciclo artúrico que nos presentan a un Perceval o Parsifal en busca del Grial recorriendo bosques mágicos.
En resumen el bosque es la fuente del conocimiento sagrado donde beber; ya que sólo apartado del mundo el hombre se encuentra a sí mismo, liberado de ataduras de su entorno, sólo en comunión con la naturaleza el hombre aprende el lenguaje del alma. Quizás los niños saben más de esto...¿quién no recuerda en su infancia sentir pasión por árboles, arbustos, tierra, etc? Por ello el verdadero iniciado debe despojarse de sus ropajes de adulto y sentirse niño de nuevo.
La naturaleza está siempre esperando.
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La noche de los tiempos
Alegoría de las cuevas y abrigos con arte paleolítico
El camino, sinuoso y estrecho, lleva directamente a la entrada de la cueva. Cuándo uno llega, siente que está entre dos mundos: hacia fuera se extiende el mundo material y físico que podemos palpar; más allá de la boca de entrada nos encontramos ante un universo espiritual dónde se puede soñar sin necesidad de cerrar los ojos. Penetrar en una cueva poseedora de arte paleolítico es hacerlo en un santuario y, a la vez, en una biblioteca. Un lugar de lectura dónde el lector no encontrará libros, un lugar sacro dónde el posible adepto no encontrará sacerdotes.
Al dar los primeros pasos, recorremos recovecos dónde nuestros padres descansaban, otros dónde practicaban las artes amatorias e incluso habrá abrigos rocosos, dentro de esa misma cueva, dónde sufrían y lloraban. Esta sensibilidad es la que empuja a nuestros antepasados a transmitir y difundir arte en lo más profundo de la cueva, allá dónde la humedad hace imposible permanecer. Siempre hay un primero, pero la gran pregunta del arte paleolítico es ¿por qué plasmar un dibujo? misteriosa mente humana la que nos enseñó el camino. Se habla del cambio de Neanderthal a Sapiens y, por ende, de un cerebro más desarrollado y presto a sentir, pero...¿por qué? no deja de ser una gran incógnita el porque de ese primer dibujo y, sobre todo, al observar la influencia que tuvo expandiendo el arte por todo el orbe.
Cuando caminamos, no sin dificultad, por la cueva buscamos con la luz el rastro de esos primeros hombres para así intentar asimilar nuestra concepción a la de aquella época. Pero la luz artificial no es la misma que la que producían sus antorchas, éstas últimas eran capaces de darle movimiento a las pinturas por el baile que provoca la oscilación de la luz. En cambio nuestra luz "moderna" no es capaz de apreciar esa viveza. Si teníamos dudas de su capacidad artística, no hay nada mejor que pararse y observar como dibujos y grabados estaban supeditados a la forma de la piedra paras así formar cabezas de bisontes, caballos, etc...querían controlar la caza mediante rituales y nada mejor que controlarla en el mundo espiritual para así, con esa fuerza sobrenatural, salir al mundo material convertido en un semi-Dios. Figuras danzantes en torno a las presas nos transmiten valor, hombres con cabezas de animales nos ofrecen una sensación de superioridad del hombre sobre las bestias, al menos en ese plano metafísico.
Tenemos que arrastrarnos, manchando nuestras ropas de barro como aquellos seres primitivos en clara alusión a la igualdad del hombre en la cueva sea la época que sea, y podemos observar dibujos antropomoformos unos, claras figuras humanas otras, con alusiones a la fertilidad. Y aquí en algunas comunidades, destaca el papel primordial de la mujer invitándonos a creer en sociedades matriarcales. Sí, la mujer como centro de ese universo basado en ciclos lunares, los mismos que rigen la menstrualidad. La mujer como bien al que hay que cuidar como una Diosa. Y así se encuentran en muchos rincones figuras de mujeres con el vientre redondo, símbolo de embarazo y por tanto de ventura para esa comunidad que aseguraba la supervivencia de su clan.
Por último, al retroceder hacia la salida, entramos en un abrigo rocoso a la derecha y encontramos manos dibujadas. La comparamos con la nuestra y nos sentimos tan cerca de esos hombres de la prehistoria que nuestro corazón se encoje. Al aconstumbrar nuestra mirada a la escasa luz nos volvemos a sobresaltar; manos de cuatro dedos que no han podido ser interpretadas con seguridad. Quizás dedos amputados, quizás al dibujarlas un dedo quedará fuera de la impresión ó, porque no, representaciones de otra civilización, de unos seres superiores que dejaron su huella en todas las civilizaciones con halo místico mostrandonos el camino a seguir. Sociedades primitivas de todo el mundo han dibujado manos y en los lugares que se ha dejado esa huella ha sido en lugares sacros, inviolables, quizás reservados a una minoría ó solamente al clan que dejaba su impronta en el mundo de los espíritus.
Salimos, con paso tan lento como la historia de la humanidad, y tenemos la sensación de haber vivido un sueño más que una realidad. Es probable que estas cuevas, poseedoras de pinturas y grabados paleolíticos, sean la última entrada al otro mundo. A esa mundo espiritual presente en todas las civilizaciones antigüas.
No puede ser que ese legado eterno ya no interese al hombre, al menos una sola vez deberíamos intentar acceder al reino de Morfeo. Dice la leyenda que Morfeo, como Dios griego del sueño y de la noche, se transformó en un ser divino al dejar capturar su alma en una caverna con dibujos paleolíticos. El hombre se convirtió en Dios al captar el mensaje de sus antepasados.
Imitar a Morfeo es bello.
El camino, sinuoso y estrecho, lleva directamente a la entrada de la cueva. Cuándo uno llega, siente que está entre dos mundos: hacia fuera se extiende el mundo material y físico que podemos palpar; más allá de la boca de entrada nos encontramos ante un universo espiritual dónde se puede soñar sin necesidad de cerrar los ojos. Penetrar en una cueva poseedora de arte paleolítico es hacerlo en un santuario y, a la vez, en una biblioteca. Un lugar de lectura dónde el lector no encontrará libros, un lugar sacro dónde el posible adepto no encontrará sacerdotes.
Al dar los primeros pasos, recorremos recovecos dónde nuestros padres descansaban, otros dónde practicaban las artes amatorias e incluso habrá abrigos rocosos, dentro de esa misma cueva, dónde sufrían y lloraban. Esta sensibilidad es la que empuja a nuestros antepasados a transmitir y difundir arte en lo más profundo de la cueva, allá dónde la humedad hace imposible permanecer. Siempre hay un primero, pero la gran pregunta del arte paleolítico es ¿por qué plasmar un dibujo? misteriosa mente humana la que nos enseñó el camino. Se habla del cambio de Neanderthal a Sapiens y, por ende, de un cerebro más desarrollado y presto a sentir, pero...¿por qué? no deja de ser una gran incógnita el porque de ese primer dibujo y, sobre todo, al observar la influencia que tuvo expandiendo el arte por todo el orbe.
Cuando caminamos, no sin dificultad, por la cueva buscamos con la luz el rastro de esos primeros hombres para así intentar asimilar nuestra concepción a la de aquella época. Pero la luz artificial no es la misma que la que producían sus antorchas, éstas últimas eran capaces de darle movimiento a las pinturas por el baile que provoca la oscilación de la luz. En cambio nuestra luz "moderna" no es capaz de apreciar esa viveza. Si teníamos dudas de su capacidad artística, no hay nada mejor que pararse y observar como dibujos y grabados estaban supeditados a la forma de la piedra paras así formar cabezas de bisontes, caballos, etc...querían controlar la caza mediante rituales y nada mejor que controlarla en el mundo espiritual para así, con esa fuerza sobrenatural, salir al mundo material convertido en un semi-Dios. Figuras danzantes en torno a las presas nos transmiten valor, hombres con cabezas de animales nos ofrecen una sensación de superioridad del hombre sobre las bestias, al menos en ese plano metafísico.
Tenemos que arrastrarnos, manchando nuestras ropas de barro como aquellos seres primitivos en clara alusión a la igualdad del hombre en la cueva sea la época que sea, y podemos observar dibujos antropomoformos unos, claras figuras humanas otras, con alusiones a la fertilidad. Y aquí en algunas comunidades, destaca el papel primordial de la mujer invitándonos a creer en sociedades matriarcales. Sí, la mujer como centro de ese universo basado en ciclos lunares, los mismos que rigen la menstrualidad. La mujer como bien al que hay que cuidar como una Diosa. Y así se encuentran en muchos rincones figuras de mujeres con el vientre redondo, símbolo de embarazo y por tanto de ventura para esa comunidad que aseguraba la supervivencia de su clan.
Por último, al retroceder hacia la salida, entramos en un abrigo rocoso a la derecha y encontramos manos dibujadas. La comparamos con la nuestra y nos sentimos tan cerca de esos hombres de la prehistoria que nuestro corazón se encoje. Al aconstumbrar nuestra mirada a la escasa luz nos volvemos a sobresaltar; manos de cuatro dedos que no han podido ser interpretadas con seguridad. Quizás dedos amputados, quizás al dibujarlas un dedo quedará fuera de la impresión ó, porque no, representaciones de otra civilización, de unos seres superiores que dejaron su huella en todas las civilizaciones con halo místico mostrandonos el camino a seguir. Sociedades primitivas de todo el mundo han dibujado manos y en los lugares que se ha dejado esa huella ha sido en lugares sacros, inviolables, quizás reservados a una minoría ó solamente al clan que dejaba su impronta en el mundo de los espíritus.
Salimos, con paso tan lento como la historia de la humanidad, y tenemos la sensación de haber vivido un sueño más que una realidad. Es probable que estas cuevas, poseedoras de pinturas y grabados paleolíticos, sean la última entrada al otro mundo. A esa mundo espiritual presente en todas las civilizaciones antigüas.
No puede ser que ese legado eterno ya no interese al hombre, al menos una sola vez deberíamos intentar acceder al reino de Morfeo. Dice la leyenda que Morfeo, como Dios griego del sueño y de la noche, se transformó en un ser divino al dejar capturar su alma en una caverna con dibujos paleolíticos. El hombre se convirtió en Dios al captar el mensaje de sus antepasados.
Imitar a Morfeo es bello.
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Emmanuel D´Hooghvorst
Los sabios de antaño han recorrido el mundo envueltos en oscuras vestiduras. Poseedores del secreto divino, no se han preocupado sin embargo de parecer sabios. El vulgo sólo se fía de las apariencias. Los adeptos han vivido ignorados casi siempre. Era la prudencia misma: querer descubrirse al mundo, incluso para salvarlo, equivale a condenarse con seguridad a la tortura y a la muerte. Los adeptos se han ido sin hablar, salvo en algunas ocasiones y aún así en términos enigmáticos, a modo de parábolas. Pocos entre sus contemporáneos han sospechado su secreto. Ahora, ya no se cree en absoluto en él. ¿Tanto se ha alejado nuestro espíritu, que nos hemos vuelto incapaces de dirigirnos hacia este secreto?
El texto es un fragmento de la obra Ensayo sobre el arte de la Alquimia de Emmanuel D´Hooghvorst. Un texto impactante sin duda alguna, capaz de perforar la conciencia de la humanidad. Reflexionemos sobre ello...
Emmanuel D´Hooghvorst es un aristócrata belga nacido en 1914 y que en 1949 decide participar en círculos esotéricos de la época, en concreto se dedicará al estudio de la alquimia en contacto con el pintor y filósofo francés Louis Cattiaux; un repaso de la obra de este último serviría para darse cuenta de la dimensión metafísica de los términos a los que aludimos. Desde entonces Emmanuel dedicará su vida al Hermetismo, aquella corriente mística-filosófica basada en los escritos de Hermes Trismegisto encontrados en el Egipto de dominación romana. El Hermetismo se sustenta en 3 pilares básicos: astrología, alquimia y la magia ceremonial compuesta de una mezcolanza de ritos griegos y egipcios. Todo ello formará una filosofía o forma de entender el mundo, con una cosmogonía previa por supuesto, que lleva al adepto a buscar la comunión con Dios como el estado supremo de perfección. Para alcanzar el fin es necesario ser "afortunado" y recibir las pertinentes revelaciones divinas. Estas tesis guardan bastante relación con el cristianismo primitivo en su vertiente gnóstica, mantienendo en común el carácter iniciatico.
En estas premisas navegaba Emmanuel cuando se decidió a buscar las revelaciones divinas en los textos antiguos. Desgranará textos míticos como el de la Odisea partiendo de la base que etiqueta a Homero de alquimista, gracias a las enseñanzas adquiridas en Egipto, para avanzar que la Odisea no es más que la alegoría de quienes practican el arte de la alquimia, mostrándonos los errores en que caen antes de conocer su verdadero secreto. En El hueso de la resurreción entronca el cristianismo primigenio con la conciencia moderna para hacernos ver que todos llevamos naturaleza de Adán en nuestro interior y es gracias a ésta por lo que Dios pretende nuestra salvación. Así Jesucristo llamado por esta naturaleza divina bajó hasta las profundidades de la tierra, lo que llamamos nuestro mundo, para recuperar lo que le pertenece, es decir la naturaleza adámica, y volver a ascender con ello. Por ello hay que despertar la conciencia mística, en cada uno de nosotros, del ocultismo en el que se mueve y esto no deja de ser una tarea individual en consonancia, eso sí, con Dios. Reunirse con un grupo o colectivo y promover el bien no sirve de nada si después en nuestras decisiones o actos personales tomamos caminos erráticos.
En Ensayo sobre el arte de la Alquimia, se propone al lector ser capaz de desvelar, entre la maraña de desinformación, la verdad. Aquella quimera tan perseguida desde los primeros pasos de esta extraña especie llamada humanidad. Todo el conocimiento verdadero esta velado, Emmanuel nos hace un guiño avisandonos de la incomprensión e intolerancia de la verdad así como la falsedad del concepto "apariencia". Nada es lo que parece y sin embargo son pocos los que eligen la senda adecuada. Emmanuel D´Hooghvorst, como los alquimistas de verdad y no los bufones mediáticos, insiste en que no basta el talento de una persona para alcanzar a Dios como tampoco es suficiente la inteligencia para desvelar un texto que encierra conocimiento iniciático. Sin la chispa divina, sin esa comunión con Dios a través de la meditación o el estudio en profundidad, no se puede percibir la intención oculta bajo el sellado de las palabras. Y así se transmite el conocimiento para el que sea capaz de observarlo, mientras tanto la mayoría solamente es capaz de leer. No es lo mismo observar que leer, ya que solamente observa el que previamente ha reflexionado y madurado una o múltiples ideas. El que tienda hacia la verdad debe saber que su camino será mas complejo y espinoso pero también gratificante.
El verdadero conocimiento no es abstracto, sino operativo y encarnado.
Extraños mensajes que nos deja Emmanuel D´Hooghvorst, todo un personaje que refunde en una tésis dos conceptos antagónicos a priori: Ciencia y Ocultismo. Pensemos en su mensaje por un momento.
Etiquetas: paises, ciudades
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