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TURQUÍA INFINITA



Turquía infinita. Infinita porque si uno se propone recorrer este país se enfrentará a una barbaridad de kilómetros, infinita también porque son innumerables los sitios a visitar e infinita por su herencia en el tiempo y la historia. Desde ese mágico e incomprendido asentamiento pre-neolítico, haciendo frontera con mi amada Siria, llamado Göbleki Tepe (los arqueólogos tienen mucho trabajo aquí ya que la cronología del Neolítico podría ser cambiada. En una época dónde tendría que haber pueblos nómadas, aparece Göbleki Tepe como un mega-santuario o ciudad monumental), pasando por los Imperios Bizantino y Otomano y hasta los tiempos modernos encabezados por Atatürk, Turquía ha tenido un gran protagonismo mundial. Y sino que se lo pregunten al manco más famoso de la Batalla de Lepanto...

Muchos focos de protagonismo a destacar de este país, muchos modelos a seguir por sus vecinos como los Jenízaros: aquellas unidades de infantería únicas en su tiempo en cuánto a devoción y valor, compuestas de cautivos y esclavos en principio y posteriormente por otomanos de diferentes provincias que desde muy pequeños eran apartados de su familia y criados en un ambiente militar férreo, al más puro estilo espartano.

Los Jenízaros eran la guardia de honor del Sultán, aquel gobernante que nos retrotrae a tiempos de gloria para los otomanos y un ligero velo de orientalismo con sus harenes y sus costumbres exóticas. Hasta un Harén llegó una mujer valenciana, de nombre Esther, que según cuenta la tradición se convirtió en la favorita del Sultán gracias a sus artes amatorias.

Un antagonista para los españoles fue Barbarroja, llamado Jeireddín, pero siendo reconocido como "Barbarossa" por los italianos. No es el pirata berberisco ni el emperador germánico pero, sin duda, fue un verdadero martillo para las posesiones del Imperio Español en el Mediterráneo; el Imperio Otomano le debe el control del mar y por ello fue ascendido a Almirante de la armada turca.

Otro Almirante del Imperio Otomano fue Piri Reis, aquel que dibujó en un mapa el contorno de la costa Oriental de América del Sur en 1513 cuándo aún no se había cartografiado el continente americano. Uno de esos misterios en la historia que tan poco gustan en los círculos académicos ortodoxos.

El pueblo turco, venido de las temidas estepas mongoles, ha sido cuna de grandes Ciudades-Estado: en Anatolia o Asia Menor podemos visitar las ruinas de la mítica Troya, la monumental Éfeso o la elevada -por su posición en la montaña- Pérgamo. Por aquí han desfilado, y se dice pronto, griegos, persas, macedonios con el gran Alejandro Magno, romanos, cruzados o árabes entre otros. Que a nadie se le olvide que en esta zona, Anatolia, surge la primera moneda en una ciudad llamada Lidia y además se asentaba uno de los primeros templos curativos o "Asclepeion" del mundo (con la serpiente y el opio como elementos principales).

Más allá del Asia Menor, Turquía sigue fascinando en ciudades como Estambul o regiones cómo la Capadocia; sobre esto hay mucho, y muy bueno, escrito así que me limitaré a afirmar que Estambul es única por esa mezcolanza cultural y ese sincretismo en templos. Capadocia es el desafío de la naturaleza y el hombre al medio . La antigua capital del Imperio Otomano, Bursa, nos enseña esplendor de otros tiempos en Mezquitas, Mausoleos o su Bazar de la Seda pero sobre todo nos deja el curioso detalle de ser la ciudad del primer índice bursátil -derivando del nombre de la ciudad, Bursa-, un índice que hoy día nos asfixia tanto o más que el veneno de una serpiente. 

Posadas caravaneras, o "KervanSaray" para los comerciantes de la Ruta de la Seda, pueden ser visitadas hoy día. Todo un ejercicio mental para nuestra anquilosada forma de viajar es poder sentarse en estas posadas medievales e intentar comprender la motivación de aquellos hombres para atravesar zonas desérticas de Oriente. 

Pamukkale con sus aguas termales, el espectáculo de piedra caliza convirtiendo la zona en un auténtico "castillo blanco" (es el significado de Pamukkale en turco) y las ruinas de la Hierápolis, son un enclave de lo más recomendable por la belleza del blanco en su montaña, el poder regenerador de sus aguas y el esplendor de sus ruinas que son fruto de asentamientos persas, griegos, romanos, selyúcidas, etc...un mosaico de pueblos que podemos extrapolarlo al resto del país. 

En el interior del país, en concreto en la ciudad de Konya, se levanta el mausoleo de Mevlana Rumí. Una personalidad mística para todo el Islam ya que sus enseñanzas como sufí son interpretadas casi como palabra divina. Fundador de la orden de los Derviches Giróvagos, aquellos que dan vueltas sobre sí mismos entrando en trance, y poeta de reconocido prestigio. Su vida y sus enseñanzas deberían ser conocidas en todo el mundo, su transcendencia y su mensaje de amor es tan universal como el mismo Dios que desde las alturas nos contempla a todos los seres humanos. Todo un honor haber conocido su forma de vivir, su legado poético y literato en múltiples cuentos sufíes, la orden monástica de los derviches y, porque no decirlo, haber paseado al lado de su tumba dónde uno contempla un espectáculo de fe y pasión como el que se puede ver en la Lourdes cristiana por ejemplo. 

En definitiva, Turquía es esto y mucho más ya que, como dije al principio, es infinita. Nuestro corazón aún late con fuerza al recordar todo lo visitado, país considerado como la "Puerta de Oriente" nos ofrece un espectáculo visual tan bello cómo la historia que le contempla. 

Para reflexionar una frase, que la gente turca repetía en más de una ocasión, del maestro sufí Mevlana Rumí: "Que seas como apareces y parezcas como eres". No es tan simple la frase como creemos a simple vista...



MALTA, un descenso al enigma de la prehistoria


Más allá del bullicio producido en restaurantes y discotecas, Malta esconde el mayor misterio de la prehistoria en Europa. Una isla tan pequeña y, suponemos que por desconocimiento, transitada por otro tipo de turismo produce un hondo sentimiento si se llega a las entrañas mismas de su historia.

Partiendo desde La Valleta, capital de este asombroso país, se dispone de un servicio de autobuses que, como flechas disparadas a diferentes objetivos, lleva a los más bellos  tesoros arqueológicos que uno podría imaginar.

Sobre todo, y por encima de cualquier otro, destaca el aclamado Hypogeum de Hal Saflieni. No existe una tumba prehistórica igual en el mundo, al menos en cuanto a conservación y esto, junto a la escasez de visitas al día,  supone vivir unos momentos auténticos en los cuales uno puede llegar a descender a los abismos de nuestra historia. Un Hipogeo es una tumba excavada en la roca, algo muy normal hace 5.000 años, su conservación no lo es tanto. Cuándo uno pasea por el 3.600 a.C., como en Hal Saflieni, siente estar caminando por un lugar sagrado que envuelve el alma entre antiguas piedras edificadas sobre la niebla. Descender a este Hipogeo es hacerlo al árbol genealógico de nuestra especie  como humanos.

Lo que poca gente conoce es el enigma que persigue a este lugar sacro: 

En la década de 1940 una trabajadora de la Embajada británica, Miss Lois Jessup, decide acercarse al Hipogeo maltés del que todo el mundo habla; allí toma contacto con una guía a la cual logra persuadir para iniciar una visita más allá de lo "oficial". Entra en las cavernas del tercer nivel dónde, en una de ellas cerca de una sala sagrada, descubre una pequeña abertura en la piedra; al asomarse Lois observa unos extraños seres de apariencia prehistórica y cabellos blancos que por un extraño movimiento de manos consiguen apagar la luz de su candela. El terror se apodera de esta mujer que en un principio se queda clavada en el sitio hasta que decide huir de aquel extraño lugar. Lois definirá a los seres como personas del pasado, propios de la época de aquellas pinturas en piedra que tanto nos apasionan. ¿Tendría relación con alguno de los múltiples huesos humanos encontrados en este lugar?

Unos días después, Lois volverá al Hipogeo y preguntará por el guía que la acompañó en tan extraña aventura, no conseguirá saber nada de ella e incluso conocerá que nadie bajo esa descripción ha trabajado en ese lugar. ¿Quién había acompañado pues a Lois?

Otro misterio se sumará al de la asombrada ciudadana británica. Tiempo después de este extraño incidente unos escolares, junto a sus profesores, visitarán el Hipogeo y en la misma sala sagrada dónde Lois había caminado hacia lo extraño tuvieron un trágico incidente; el suelo se derrumbó con ellos dentro de esta sala. Las búsquedas posteriores no consiguieron devolver con vida a estos profesores y alumnos, el derrumbe había complicado las labores posteriores de rescate y así creció la leyenda entre los malteses. Los padres dijeron haber escuchado, en diferentes partes de la isla, las voces y lamentos de sus hijos naciendo desde el subsuelo. Un relato escalofriante.

Descubierto en tiempos modernos accidentalmente (como las cuevas de Altamira, otra de las "catedrales" prehistóricas) en 1902 por unas obras, su estructura corta la piedra en tres niveles o pisos que se pueden visitar hoy día. El primer piso, el más antiguo, se compone de pasillos que dan acceso a cuevas ampliadas artificialmente y usadas como enterramiento. El segundo piso es el intermedio y es dónde se encuentran las salas más bellas y trabajadas, lo cual nos hace deducir que es el lugar más sagrado del Hipogeo y destinado a ritos de diferente intención. La belleza del corte de las piedras, la armonía y la estructura tan bien hilada nos envuelven en un manto de prehistoria, nadie queda indiferente en estas salas. Por último, el tercer piso se cree fue destinado a un almacén de grano así como algunos enterramientos esporádicos. En esta necrópolis sagrada se ha encontrado numerosa cerámica, quizás la más llamativa es "la Mujer Durmiente"; su importancia radica en la confirmación de las tesis que dan a la mujer un papel predominante en la prehistoria; toda la vida giraba en torno a ellas y su fertilidad. Ello hacía que fueran cuidadas, y por tanto representadas, como un ser sagrado. En este caso parece tener relación con las profecías que, en Half Saflieni, se realizaban por medio de  oráculos, al parecer esta escultura representa el sueño profético.  Junto a cientos de piezas está expuesta en el Museo Arqueológico de la Valleta. Si alguien quiere soñar, el Hypogeum de Hal Saflieni, es el lugar para hacerlo con la prehistoria, nada en el mundo evoca estas sensaciones vividas aquí: a más de 10 metros de profundidad sobre el nivel que pisamos en nuestra vida cotidiana.

No muy lejos del Hypogeum de Half Saflieni encontramos los templos de Tarxien, con una datación superior al 3.500 a.C. Hay más templos en Malta pero estos son los más complejos. Sus relieves y estructuras no dejan lugar a la duda, aquí se asentó en su día una sociedad con cierta complejidad que además enterraba a sus muertos como hemos visto en el Hypogeum. Una de estas estructuras son altares que invitan a pensar, gracias a los relieves en que se representa figuras, al sacrificio ritual de animales. Son cuatro estructuras megalíticas en las que la piedra forma una estructura similar a la de un espacio sagrado, de ahí su consideración de templos. Se han encontrado en este espacio estatuillas de mujeres rellenas que parecen representar lo saludable de su exceso de peso, en aquella época el hambre era denominador común y la obesidad era un bien casi divino. De nuevo las mujeres como elemento unificador y ritual, otra vez su imagen representada para adorarla. Podría ser la Diosa Madre Tierra o, por otra parte, cualquier madre del momento considerada una diosa. Aquí, en Tarxien, vale la pena sentarse y admirar la belleza del mar rompiendo contra un pequeño promontorio en el cual destacan estas construcciones megalíticas. La paz que se respira en este mítico lugar invita a la reflexión interna.

Malta, en definitiva, significa prehistoria y navegar por ella es una de los viajes más apasionantes que hoy día se pueden hacer. Los sentimientos afloran cuándo somos capaces de sentir la música de nuestros antepasados, de leer el mapa dibujado en piedra.

¡Que nadie tape sus oídos o cierre sus ojos a tanta belleza!




ASTRONAUTAS DEL PASADO: pinturas rupestres de HOSHANGABAD


Hoshangabad (en Hindi: होशंगाबाद) es un distrito y, a la vez, ciudad de la India, perteneciente a la provincia de Madhya Pradesh. Nos encontramos en el corazón del país indio, es el centro geográfico del país. Además de poseer la mayor reserva de tigres de la India, un inmenso y vigilado entorno natural, en estas latitudes, más concretamente en la zona montañosa de Adamgarh, destaca una franja de dos kilómetros repletos de petroglifos.
 Esto último ya atestigua la presencia del hombre prehistórico en la zona, dejando constancia de sus inquietudes intelectuales que plasma sobre la roca con unos grabados que se han repetido en otros lugares del mundo. No deja de ser curioso como el ser humano ha sido capaz de desarrollar su intelecto a base de impulsos o sentimientos que se han duplicado, como fotocopias, en lugares distantes y remotos. Zonas que, en principio, no están unidas por un nexo común repiten comportamientos o patrones culturales. Ahora en nuestro mundo globalizado es fácil saber como respiran nuestros semejantes que habitan las antípodas, sin embargo hace miles de años, cuándo la humanidad hacía de las cuevas santuarios, lo que no estaba en un radio de 50-100 kilómetros era extraño e incluso misterioso. Es difícil imaginar, pues, como la mente humana evocó figuras y las plasmó de manera similar en diferentes partes del mundo. El mismo desarrollo material es un enigma: construcciones piramidales, uso y desarrollo de metales e incluso objetos de las creencias animistas como base de las religiones, están presentes en diferentes continentes con unas similitudes sorprendentes.

Existe otra similitud aún mas inquietante. Son las pinturas o representaciones de época prehistórica catalogadas como "Expediente X". Hay más de las que imaginamos y posiblemente no sólo queden muchas por descubrir sino que algunas ya descubiertas no han salido a la luz en base a la defensa de ciertos principios religiosos. La destrucción de los grandes Budas en Afganistán es un reflejo de la historia de la fe, durante siglos el hombre ha defendido su creencia a base de enterrar y perseguir lo ajeno. Curiosa y egoísta forma de obtener la ambrosía divina.  Pero volvamos a la India, sólo a dos kilómetros de Adamgarh un equipo de arqueólogos indios encontró en febrero del año 2010 unas pinturas que han dejado boquiabiertos a propios y extraños (remito a foto del reportaje).
En Hoshangabad, oculta entre la espesura de la selva, han descubierto una serie de dibujos en roca que han provocado mucho revuelo. El más difundido, trata de un extraño ser que aparece cubierto con una especie de escafandra o casco por el cual observa una extraña escena a través de una rendija horizontal, además unos guantes parecen protegerle las manos debido al intenso color de la pintura en las extremidades superiores. Este ser contempla un objeto discoidal que parece emitir ondas o sensación de velocidad y más arriba un extraño cuerno del que sale una luz que ilumina el centro de la escena. Las conclusiones, dentro de lo subjetivo, parecen marcarnos una senda.

Las imágenes fueron sacadas a la luz por el periódico The Rajasthan Times. Y a partir de aquí la confusión, se habla de un supuesto arqueólogo indio que niega la huella OVNI en estas pinturas demostrando que son escenas cotidianas de la prehistoria (¿?)...si uno investiga algo más el asunto, este arqueólogo no parece ser una prueba real y ni siquiera se demuestra su existencia. Todo apunto a que es un elemento de confusión difundido por alguna minoría recelosa del hallazgo. Previamente se había teorizado sobre la pintura más enigmática: el ser era un Alien o astronauta del pasado que contemplaba como su nave despegaba dejándole en la Tierra para su misión. Al contemplar el objeto con forma de cuerno parece que tiene relación con esta misión, algunos pueden aventurarse a pensar que el cuerno no es más que un contenedor de lo divino o extraterrestre que nos "ilumina" con sus conocimientos. Y así se generó el verdadero desarrollo humano.

Es lógico que ante algo tan abstracto no haya uniformidad de opiniones, la realidad puede ser cualquiera pero lo que asombra son los detalles plasmados que nos acercan a nuestra concepción mental de platillos volantes, astronautas, misiones estelares, abducciones, etc...al final la verdad está un paso por delante de nuestra maraña de interpretaciones. Sin embargo no es único en su especie este grabado sino que, como decíamos antes al hablar de similitudes sin aparente conexión, en el mundo han sido varios los ejemplos en los que arte prehistórico se confunde con ufología o determinadas pseudociencias. Veamos alguno de ellos.

En las famosas cuevas de Altamira se ha comentado también la presencia de platillos volantes, también en  las grutas de Niaux existen ciertos trazos esquemáticos que pueden llevar a confusión. En el desierto argelino del Tassili se haya una profusión de imágenes que pudiera confirmar la teoría de Hoshangabad, astronautas del pasado son representados guiando a humanos a extrañas naves que asemejan naves espaciales. En el valle italiano de Val Carmonica existen 140.000 petroglifos entre los que destacan figuras cosmonautas que rodean su cabeza con un halo o escafandra que desprende luz. Estamos en torno al 10.000 A.C. y las grandes civilizaciones no han surgido aún, para el neolítico quedan aún 2.000 años, por tanto vivimos en sociedad de cazadores/recolectores sin un comercio más allá del trueque entre los miembros del clan y sin embargo...¿esta similitud de imágenes y misterio cómo es posible? Pero esto no acaba en Europa ni mucho menos, hemos visto un ejemplo en el continente asiático, concretamente en la India, pero el americano también tiene que tener presente que su pasado no deja de ser enigmático. Códices mayas, como el llamado de Madrid o el de Dresde, nos muestran figuras geométricas similares a naves espaciales. En Palenque, México, hay un extraño grabado en el que parece observarse un piloto en su nave. Nadie puede olvidar Nazca, misterioso Perú, dónde entre sus conocidas líneas destaca una extraña figura antropomorfa que, para algunos, representa un astronauta del pasado. Figuras estas que, horadas en la tierra para ser vistas desde el cielo, conforman un mapa de navegación tan inquietante que aún hoy no se han podido explicar el cometido que llevo a representarlas.

Podríamos seguir enumerando, pero entendemos que el mensaje está claro. En el pasado hay un lenguaje que aún no hemos descifrado, una lengua de símbolos, representaciones y dibujos que se repiten a lo largo y ancho del mundo. Hoshangabad es un ejemplo más del entramado complejo que nos quisieron legar nuestros antepasados. Es difícil imaginar al hombre prehistórico saliendo de sus cuevas para encontrarse astronautas, materializar esto en nuestra mente se torna complicado y, sin embargo, culturas de todo el planeta Tierra nos quisieron dejar plasmado en sus pinturas que aquello fue posible. O a lo mejor todo fue un sueño, una bella ensoñación que, curiosamente, compartieron hombres de uno y otro lado del planeta. Una extraña paranoia global en la Edad de Piedra.

Al menos se merece una reflexión y si alguno quiere soñar con los ojos abiertos tiene lugares, como hemos dejado constancia, para elegir. La huella del hombre, gracias a los Dioses, sigue siendo enigmática.





La noche de los tiempos

Alegoría de las cuevas y abrigos con arte paleolítico














El camino, sinuoso y estrecho, lleva directamente a la entrada de la cueva. Cuándo uno llega, siente que está entre dos mundos: hacia fuera se extiende el mundo material y físico que podemos palpar; más allá de la boca de entrada nos encontramos ante un universo espiritual dónde se puede soñar sin necesidad de cerrar los ojos. Penetrar en una cueva poseedora de arte paleolítico es hacerlo en un santuario y, a la vez, en una biblioteca. Un lugar de lectura dónde el lector no encontrará libros, un lugar sacro dónde el posible adepto no encontrará sacerdotes.

Al dar los primeros pasos, recorremos recovecos dónde nuestros padres descansaban, otros dónde practicaban las artes amatorias e incluso habrá abrigos rocosos, dentro de esa misma cueva, dónde sufrían y lloraban. Esta sensibilidad es la que empuja a nuestros antepasados a transmitir y difundir arte en lo más profundo de la cueva, allá dónde la humedad hace imposible permanecer. Siempre hay un primero, pero la gran pregunta del arte paleolítico es ¿por qué plasmar un dibujo? misteriosa mente humana la que nos enseñó el camino. Se habla del cambio de Neanderthal a Sapiens y, por ende, de un cerebro más desarrollado y presto a sentir, pero...¿por qué? no deja de ser una gran incógnita el porque de ese primer dibujo y, sobre todo, al observar la influencia que tuvo expandiendo el arte por todo el orbe.

Cuando caminamos, no sin dificultad, por la cueva buscamos con la luz el rastro de esos primeros hombres para así intentar asimilar nuestra concepción a la de aquella época. Pero la luz artificial no es la misma que la que producían sus antorchas, éstas últimas eran capaces de darle movimiento a las pinturas por el baile que provoca la oscilación de la luz. En cambio nuestra luz "moderna" no es capaz de apreciar esa viveza. Si teníamos dudas de su capacidad artística, no hay nada mejor que pararse y observar como dibujos y grabados estaban supeditados a la forma de la piedra paras así formar cabezas de bisontes, caballos, etc...querían controlar la caza mediante rituales y nada mejor que controlarla en el mundo espiritual para así, con esa fuerza sobrenatural, salir al mundo material convertido en un semi-Dios. Figuras danzantes en torno a las presas nos transmiten valor, hombres con cabezas de animales nos ofrecen una sensación de superioridad del hombre sobre las bestias, al menos en ese plano metafísico.

Tenemos que arrastrarnos, manchando nuestras ropas de barro como aquellos seres primitivos en clara alusión a la igualdad del hombre en la cueva sea la época que sea, y podemos observar dibujos antropomoformos unos, claras figuras humanas otras, con alusiones a la fertilidad. Y aquí en algunas comunidades, destaca el papel primordial de la mujer invitándonos a creer en sociedades matriarcales. Sí, la mujer como centro de ese universo basado en ciclos lunares, los mismos que rigen la menstrualidad. La mujer como bien al que hay que cuidar como una Diosa. Y así se encuentran en muchos rincones figuras de mujeres con el vientre redondo, símbolo de embarazo y por tanto de ventura para esa comunidad que aseguraba la supervivencia de su clan.

Por último, al retroceder hacia la salida, entramos en un abrigo rocoso a la derecha y encontramos manos dibujadas. La comparamos con la nuestra y nos sentimos tan cerca de esos hombres de la prehistoria que nuestro corazón se encoje. Al aconstumbrar nuestra mirada a la escasa luz nos volvemos a sobresaltar; manos de cuatro dedos que no han podido ser interpretadas con seguridad. Quizás dedos amputados, quizás al dibujarlas un dedo quedará fuera de la impresión ó, porque no, representaciones de otra civilización, de unos seres superiores que dejaron su huella en todas las civilizaciones con halo místico mostrandonos el camino a seguir. Sociedades primitivas de todo el mundo han dibujado manos y en los lugares que se ha dejado esa huella ha sido en lugares sacros, inviolables, quizás reservados a una minoría ó solamente al clan que dejaba su impronta en el mundo de los espíritus.

Salimos, con paso tan lento como la historia de la humanidad, y tenemos la sensación de haber vivido un sueño más que una realidad. Es probable que estas cuevas, poseedoras de pinturas y grabados paleolíticos, sean la última entrada al otro mundo. A esa mundo espiritual presente en todas las civilizaciones antigüas.
No puede ser que ese legado eterno ya no interese al hombre, al menos una sola vez deberíamos intentar acceder al reino de Morfeo. Dice la leyenda que Morfeo, como Dios griego del sueño y de la noche, se transformó en un ser divino al dejar capturar su alma en una caverna con dibujos paleolíticos. El hombre se convirtió en Dios al captar el mensaje de sus antepasados.

Imitar a Morfeo es bello.

La desconcertante aventura de la especie humana


Hasta el año 2003 científicos de todo el mundo asumían que Neardenthales y Sapiens eran las dos últimas especies, de ellas el hombre de Neanderthal se extingue hace 15.000 años y la evolución continua con nuestra especie, el Homo Sapiens. En el 2003 se encuentra en Indonesia una especie diferente a las dos citadas, un hombre de proporciones mas reducidas que las nuestras que toma el nombre de la Isla dónde estaban depositados sus restos: el hombre de Flores.
Esto ya supuso un serio aviso a la ortodoxia científica pero algunos paleontólogos, arqueólogos e incluso determinados sectores académicos influyentes siguieron anquilosados en las teorías que habían defendido, durante años, en sus tratados, ensayos, conferencias, etc...

En Marzo de 2010 nos encontramos, no ya con otro aviso, sino con la confirmación de una realidad: en una cueva de Siberia se encuentran restos humanos que tras ser analizados y comparados con el ADN Neanderthal y Sapiens nos dan el resultado de una nueva especie. La técnica hoy día es tan maravillosa y efectiva que un sólo hueso de dedo es capaz de darnos esta información. ¿Qué ocurrió durante tantos años de excavaciones dónde no había estos avances técnicos tan precisos? Pues evidentemente podemos sacar una triste conclusión: es probable que partiendo de la premisa Arqueología = destrucción (para conocer hay que modificar e incluso destruir el hábitat originario, arrancarlo de la tierra dónde ha permanecido durante siglos y en ocasiones, fragmentar piezas de todo tipo) se hayan desestimado pruebas que con la tecnología se hubieran catalogado de otra forma.

Las diferencias existentes entre el ADN de esta nueva especie y el Sapiens son mas de 400, lo que no deja lugar a dudas de la dimensión del hallazgo. Estos restos han demostrado tener una antigüedad de 40.000 años; en ese momento de la evolución siempre pensamos que Sapiens y Neanderthal estaban sólos sobre el Planeta Tierra. En la cueva donde se ha encontrado esta nueva especie hay restos de presencia humana desde hace 125.000 años, según nos indican los utensilios de piedra trabajados por el hombre. ¿Cuántos años convivió esta nueva especie? La pregunta quedará en el aire por el momento y como todo buen misterio es capaz de plantear millones de dudas adicionales.

El origen del hombre es un misterio, parece estar fuera de nuestro alcance como si la mano de la Providencia nos impidiera traspasar un límite de conocimiento. Es apasionante pensar porque nuestra especie es la única que pervive sabiendo que no estábamos sólos en esa "carrera" de supervivencia. ¿Cuántas especies partimos de esa imaginaria "línea de salida"?

El Neanderthal era un hombre mas fuerte físicamente y por tanto mas preparado, en cuanto a calorías, para los duros inviernos del Norte, se habla de su diferencia intelectual con el Sapiens y, en mi opinión, es injusto. Era una especie con otro grado de evolución porque las circunstancias y el entorno le habían proporcionado otros problemas o retos a superar. Sería como decir que una comunidad indígena del Amazonas es intelectualmente inferior a los habitantes del Downtown de Nueva York. Partimos de premisas diferentes y por tanto el paradigma científico debe ser diferente en su origen.

Neanderthales y Sapiens no deben ser enfocados como rivales porque, hasta el día de hoy, no hay ninguna prueba de relación entre ambas especies y por tanto si pervivió una y no la otra puede ser debido a diferentes causas pero no a la rivalidad. Es probable, como muchos científicos argumentan, que una epidemia acabará con el hombre de Neanderthal ya que su genética no estaría preparada para superarla. Pero entonces, ¿Qué ocurrió con estas nuevas y diferentes especies que están surgiendo? ¿Por qué la evolución nos señaló a nosotros?

Es probable que todas estas especies, incluida la nuestra, desciendan de un mismo eslabón, un antepasado común que vivió hace un millón de años y que fue el que nos alumbró en la mas absoluta oscuridad. También es factible que cada especie descendiente de este antepasado común siguiera un camino evolutivo diferente, dependiendo de entorno y circunstancias a vivir, haciendo realidad las diferencias anatómicas y tecnológicas de cada especie. Pero me niego a pensar que los hubiera mejores y peores, dejemos de lado las comparaciones insidiosas u ofensivas que lo único que han sembrado en nuestro mundo ha sido sangre y destrucción. No se puede comprender la evolución humana, de las diferentes especies, desde la óptica del hombre moderno porque nos llevará a caer en el error de la supuesta, y no menos falsa, superioridad. Darwin ha muerto hace mucho tiempo y debemos superarlo.

Seguiremos, día a día, comprendiendo algo más de de nuestro origen aunque si continuamos el hilo quizás no haya eternidad suficiente para llegar al principio, dónde estaría la mano que ha tejido nuestras almas junto a la materia. Ver a la Providencia en su origen no es posible . Sin embargo, es realmente apasionante el sentir que hubo un primer día, un primer segundo en el que el primer hombre dio su primer paso y alzó la vista, temeroso, al cielo. Armstrong en nuestros días vivió algo similar en la Luna. Con ese primer hombre nos solidarizamos.

Como dice J.L. Arsuaga en su libro La especie elegida: "La tierra no pertenece al hombre, sino que el hombre pertenece a la tierra". Cuando comprendamos esta premisa habremos recorrido ya una parte importante del camino. Mientras tanto la estupidez, la ortodoxia y el desinterés nos siguen cegando.

Esta noche, cuando la oscuridad total nos acoga en nuestros lechos, al igual que la noche envolvía a los primeros homínidos, pensemos en nuestros antepasados y sus dificultades para comprender y racionalizar hechos considerados simples hoy día. Pensemos en que cada paso que tomaban era tal aventura y suponía tantos efectos como si hoy nos plantearamos viajar a Plutón o Marte.