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HANNA REITSCH, una feminista en el III Reich


La noche del 28 al 29 de Abril de 1945 un avión, Ar 96 A, despegaba de una ciudad fantasmagórica en llamas. Los ocupantes del aparato, al mirar hacia abajo, ya no distinguían la otrora gran capital del Reich del más terrible infierno. Sobre la Puerta de Brandenburgo se reflejaron las dos luces, que como gigantes, buscaban el avión para abatirlo. Se podía distinguir a los infantes rusos buscando su presa, incluso podía observarse el brillo de la victoria en sus ojos. Berlín estaba a punto de caer en manos soviéticas pero ese aparato, por un capricho del destino, no sería alcanzado. Fue el último avión que despegó en Berlín antes del apocalipsis definitivo y lo hizo con éxito. Atrás dejaron una urbe consumida en ruinas e incendios por doquier.

El toque épico que tiene esta historia se acentúa, más si cabe, al conocer a ocupantes y punto de partida de este vuelo. Por un lado el recién nombrado Almirante del Aire, Von Greim, y por otro la piloto de pruebas Hanna Reitsch. Su lugar de origen era el bunker de la cancillería dónde Hitler, junto a un puñado de fieles, aguantaba un constante temblor de paredes provocado por el fuego de artillería ruso. Von Greim había sido llamado al bunker para el comentado nombramiento; el cual Hitler, furioso y dolido, debía hacer ante la postrera traición de Goering a su persona. El nuevo Mariscal de la Luftwaffe pensó, en seguida, que Hanna Reitsch era la persona ideal para acompañarle ya que ésta había practicado, anteriormente, vuelos de emergencia sobre Berlín. El ambiente del bunker era axfisiante, reflejaba las penurias que vivía el pueblo alemán. Pronto, Von Greim y Hanna, recibirán la orden de partir, organizar la Luftwaffe para retrasar el ataque ruso y posibilitar así que el General Wenck llegara a Berlín con su ejército. Adolf Hitler ya no era capaz de distinguir la realidad y sus incongruentes órdenes finales son consecuencia de la locura que se estaba viviendo bajo tierra en el bunker. Antes de partir Hanna Reitsch, consciente que Wenck y su ejército no llegarían jamás, intenta convencer a Hitler para que abandone el bunker en ese último avión pero el Führer se negará en rotundo aceptando su final. La leyenda de un Hitler vivo parte de este momento y por ello, al acabar la guerra, el ejército norteamericano mantendrá presa a Hanna intentando obtener información relevante en múltiples interrogatorios. 

Lo cierto es que Hanna Reitsch fue nacional-socialista convencida y en el caso que hubiera sacado a Adolf Hitler de Berlín, en esas horas trágicas, nunca lo hubiera confesado por la fidelidad que mantuvo hasta el final de su vida. Si de ella dependía el misterio, no dio lugar a especulaciones y confesó, desde que abandonó Berlín, que Hitler acabaría su vida en el bunker como así fue finalmente. 

Pero Hanna Reitsch es mucho más; dejando de lado el morbo de esos últimos días de la guerra encontramos a una mujer inmensa en un mundo hecho para hombres. Desde pequeña sintió verdadera pasión por volar y hasta que no cumplió su sueño sus padres no encontraron descanso en el hogar. Creyendo, los progenitores, que sería un capricho adolescente que se desvanecería en el tiempo, intentaron que Hanna estudiara medicina pero su destino ya estaba marcado por la tenacidad de su deseo. 

Primero entró en una escuela de planeadores, propia de ese veto internacional a la Alemania perdedora de la I Guerra Mundial en la que se prohibían los vuelos a motor. Siempre mirada con recelo por sus compañeros, masculinos, supo sobreponerse con personalidad y demostrar que una mujer posee la misma capacidad que un hombre para volar. Hay que entender que la sociedad de la época invitaba a las mujeres al recogimiento del hogar cuidando de maridos e hijos y realizando labores propias de lo que se entendía como femenino; y Hanna superó ese convencionalismo. 

Educada en un ambiente burgués de corte conservador, su rebeldía ante el mundo que la tocó vivir tuvo más peso si cabe. Ver a una mujer volando para muchos era imposible pero cuándo Hanna comienza a destacar en el aire por encima de la mayoría de hombres estos no tienen más remedio que tragarse su orgullo.

Viajó por Europa, África y América probando planeadores y aparatos a motor que comenzaban a fabricarse con cierta celeridad en Alemania, sobre todo tras el ascenso de Hitler al poder. Saltandose el Tratado de Versalles, Alemania, había decido recuperar su fuerza áerea ante un nuevo conflicto que siempre estuvo en el horizonte europeo. 

Contratada como piloto de pruebas de la Luftwaffe, Hanna Reitsch, pilotó cazas y bombarderos que más tarde se utilizarían en el conflicto mundial. Entre estos, pilotó las famosas V1 en su fase de pruebas, que tanto daño harían después al caer sobre la población londinense. Además lideró un proyecto, apoyado por personalidades como Otto Skorzeny, de aviones suicidas en los cuales el piloto cumpliría su última y mortal misión;  al estilo de los Kamikazes japoneses, y en el contexto de una Alemania acosada y al borde de la derrota final, se recogieron múltiples firmas de pilotos dispuestos a sacrificarse. Hanna estaba entre ellos ya que no sólo lideraba el proyecto sino que intentó dar ejemplo ofreciendo su vida sin miramientos. Hitler desautorizó estos aviones suicidas, que no eran más que bombas V1 con cabina de piloto, por su irrecuperable pérdida humana.

Siempre desafiante ante el hombre que la intentaba desacreditar se ganó el respeto de las autoridades gubernamentales y militares de la época. Llegó incluso a desafiar al mismo Himmler poniéndole contra las cuerdas con alguna opinión contraria a sus políticas. Patriota convencida luchó hasta el final de la guerra con todos los medios que tuvo a su alcance. Fue llevada al frente ruso para dar moral a las tropas, demostrando al exhausto soldado alemán que una mujer también era capaz de pasar penurias. Hanna siempre aceptaba estos retos ya que elevaban el papel de la mujer y conseguían sentar la base para que en el futuro los hombres aceptaran la igualdad de sexos. 

El final de la guerra y su filiación política, que nunca negó, supusieron que su lucha como mujer perdiera valor. Importaba más  su pasado nazi que la importancia que había otorgado a la mujer con sus acciones. Hanna no dudó en defender el potencial femenino con actos, sin embargo nunca de sus labios salieron palabras como feminismo. Había luchado por lo que amaba, superando desigualdades y recelos, llegando a lo más alto; Hanna Reitsch no necesitaba llenarse la boca de palabrería, había logrado con su tenacidad dignificar a la mujer europea. 

La única mujer, en la historia alemana, en recibir la Cruz de Hierro de Primera Clase ha sido Hanna Reitsch, esto ya es bastante significativo para valorar a quién nos estamos refiriendo. Además, también, fue condecorada con la Cruz de Hierro de Segunda Clase y el Distintivo Aéreo de oro y diamantes. Ganadora de múltiples concursos en el aire, sus piruetas pasan a un segundo plano cuándo pensamos en como reivindicó el papel de la mujer en una época tan difícil. 

Hanna Reitsch, la aviadora de Alemania. Una de las mujeres que mas admiró Hitler, junto a Leni Riefenstahl, y que dejó su impronta grabada con esfuerzo. Una de aquellas mujeres para recordar, pionera y luchadora hasta el final de sus días. 





5 comentarios:

  1. Qué tía!! si hoy en día es duro para una mujer "moverse" en un mundo de hombres, no me puedo imaginar lo que pasaría ella en la época que le tocó vivir; después de todo lo que luchó, consiguió lo que siempre quiso, ole por ella.

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  2. Francisco Talaván25 de mayo de 2011, 7:34

    No sabía nada de esta mujer. Muy buena entrada.

    Good Pick, Bro !!!

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  3. Mira, esta Hanna sería muy feminista y todo lo que quieras, pero tu ya conoces mi forma de pensar.

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  4. Injustamente siempre será recordada como "admirada por el Reich". Poco a poco esa etiqueta va desapareciendo, como sucede con Leni Riefenstahl que se recuerda como la cineasta del Reich y nadie cae en la cuenta de que estuvo trabajando hasta sus últimos días en 2003. De hecho su último trabajo publicado es de 2002 con 100 años de vida... Un trabajo que, por diferentes motivos, evolucionó, cambió, se perfeccionó... y le llevo 29 años de vida. Pero siempre será la cineasta Nazi... En fin.

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  5. La "maldición" de las etiquetas sobre los perdedores...ya sabes aquello que dicen sobre los ganadores y su forma de relatar hechos.

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