TITANIC, una historia de presagios

Cuando uno se sumerge en la investigación del Titanic se da cuenta que estamos ante un fenómeno de calado mundial. Por ello no deja de sorprender aún hoy, después de 100 años del hundimiento, los misterios que siguen rodeando al transatlántico que ni siquiera culminó el viaje inaugural. Entre esos misterios existen una serie de intuiciones personales, presagios, adivinos y gafes que son capaces de erizarnos la piel.

Ya se escribió en el Blog sobre la novela "Titan" que pareció predecir el terrible destino; no obstante puede ser un buen momento para retomar aquella lectura. Más allá de eso, vamos a hablar del misterio que rodeó a algunos de los pasajeros, misterio que hoy día sigue siendo tabú en muchos casos.

El R.M.S. Titanic partía de Southampton el 10 de Abril de 1912 con destino New York. Debía realizar dos paradas intermedias: Cherburgo en Francia y Queenstown (hoy Cobh) en Irlanda. Vamos a situarnos en el embarcadero de Cherburgo con los pasajeros esperando ansiosos, debido al retraso del Titanic, antes de embarcar en el transbordador Nomadic que los subiría al buque. En Cherburgo suben al Titanic 172 pasajeros -la mayoría de primera clase, provinientes de París por vía ferroviaria- de los que 50 morirían tan sólo 4 días después. 

Quizás la pasajera más famosa (sin olvidar a Jhon Jacob Astor o Benjamin Guggenheim) de las que esperan al Titanic en Cherburgo sea Margaret Brown, conocida posteriormente al naufragio como "La insumergible Molly Brown"; nadie duda de la valentía de Molly Brown en el bote salvavidas, de su arrojo y decisión para salvar y ayudar a las víctimas, ni siquiera de su leyenda de insumergible por desgracias acumuladas en vida pero lo que la mayor parte del público desconoce es que Molly Brown llevaba consigo una estatuilla egipcia que le habían ofrecido como amuleto, meses antes, en el famoso Bazar de El Cairo Khan el-Khalili. Cuándo el Titanic chocó con el iceberg y los pasajeros fueron llevados a cubierta para evacuarlos en los botes, Margaret Brown metió la estatuilla en el bolsillo de su abrigo antes de abandonar para siempre su camarote. Es obvio que ese gesto hacía ver la importancia dada al amuleto. Tras el rescate por el buque Carpathia se la regaló al Capitán Rostron al que admiró y felicitó durante el resto de su vida.

En Cherburgo, la amiga de Molly Brown llamada Emma Bucknell le confía que algo malo iba a suceder. Ambas venían de viaje por Egipto y la complicidad adquirida con Molly Brown hace que crea en las palabras de tranquilidad y sosiego de su amiga. Sin embargo la intuición femenina no se equivocaba...

Edith Rosenbaum, una joven y talentosa diseñadora de 33 años, sentía una ilusión tremenda en el tren de camino a Cherburgo por viajar en el Titanic. Innovadora en la moda, era una de las primeras mujeres modernas que cambiaron el corsé por el sujetador. Al llegar a la ciudad francesa, mientras espera el barco, empieza a sentirse nerviosa sin motivo aparente y envía un telegrama a su secretaria en París para expresar su preocupación, Edith intentaba refugiarse en pensar que serían nervios por su primer viaje a New York. Sin embargo será la última persona en abandonar el transbordador Nomadic y, por tanto, en subirse al Titanic (en la parada de Cherburgo) ya que la imagen del barco le ha avivado el nerviosismo. Finalmente, una vez a bordo del Titanic, pregunta a un agente de la White Star, Nicholas Martin, como podría recuperar su equipaje para volver a tierra inmediatamente. La respuesta fue que el barco era insumergible y que no hay tiempo para bajar el equipaje, ella si podía hacerlo si lo precisaba. Edith responde que sus vestidos -la gran parte del equipaje que llevaba y pretendía vender en USA- valen más que ella y decide quedarse. Sin embargo sus dudas no acabarían ese día, a la mañana siguiente Edith Rosenbaum escribe un nuevo telegrama a su secretaria en el que dice: "el Titanic es un monstruo, sigo sin quitarme la desazón de ayer y presiento que algo malo va a pasar", termina diciendo: "Ojalá logrará quitarme esta sensación de encima". Edith sobrevivió y sus vestidos se perdieron -como el destino avisó al subirse al buque- pero su intuición sigue siendo espeluznante hoy día.

En el transbordador Nomadic también iba un joven matrimonio español de luna de miel. Víctor Peñasco y Pepita pertenecían a la aristocracia madrileña de la época y deciden subirse al Titanic sin avisar a sus familiares los cuales creían que seguían en París celebrando su noviazgo. Para realizar la "broma" dejan a su mayordomo en el Hotel de París y le indican que cada día debe enviar una postal -previamente escrita por ellos- haciendo ver que seguían en París. Lo macabro de la broma es que sus familiares siguieron recibiendo escritos en fechas en las que Víctor había muerto. Pepita logró salvarse pero seguramente la alegría juvenil se hundió en el Titanic.

Queenstown, como dijimos, fue la segunda y última parada intermedia, del Titanic. Era la última posibilidad de correo antes de llegar a New York y aquel día muchos pasajeros querían escribir sus últimas líneas a sus familiares, amigos o socios. Uno de ellos será el jefe de oficiales del Titanic, Henry Wilde, quién escribe a su hermana: "este barco sigue sin gustarme, me da una impresión rara". 

En Queenstown, aquel lugar dónde desembarcaría el Padre Brown -el jesuita que fotografió la mayoría de las instantáneas del barco que hoy día podemos ver- un fogonero asomó la cabeza por la cuarta chimenea (no era chimenea como tal sino un elemento decorativo y por tanto falsa) y así respirar el aire irlandés. Esto se tomaría, más tarde, como un mal presagio para una travesía inaugural. 

Egipto nos regala otra historia misteriosa relacionada con el Titanic, protagonizada por Alice Fortune de 24 años e hija de un magnate inmobiliario canadiense. En una estancia en el hotel Shepeard  de El Cairo, un extraño personaje nativo con fez granate comentó ser adivino y pidió leer la mano de Alice. Su predicción fue la siguiente: "Estas en peligro cada vez que viajas por mar. Veo que vas a la deriva en un bote por el océano, lo perderás todo menos la vida. Te salvarás pero otros morirán". Aquel mal augurio, a comienzos de 1912, fue recibido con risas por los familiares y la propia Alice. Incluso una semana antes de subir al Titanic, Alice bromeó con un amigo suyo al saber que iría también en la travesía: "Has olvidado lo peligroso que es viajar conmigo". La broma pronto tornaría en tragedia; el adivino egipcio misteriosamente no se equivocó en lo más mínimo. 

Una momia egipcia también causaría pavor durante la última cena a bordo del Titanic. W.T. Stead comentó esa noche que existía una leyenda de una momia expuesta en el British Museum que maldecía a todo aquel que escribía su historia. Algunos supersticiosos dirían después que Stead al hablar de esta momia provocó que se desencadenara la maldición esa triste y fría noche.

A las 23 de esa fatídica noche, 40 minutos antes de la colisión, un pasajero no identificado, de aspecto vigoroso y con barba, comentó en la sala de fumadores: "La White Star, la Cunard y la Hamburg-Amerika, están en una carrera por hacer barcos más lujosos y pronto todo desembocará en la mayor tragedia naval de todos los tiempos". No habría que esperar mucho para vivirlo...

Edith Evans es una de las cuatro mujeres de primera clase (dato tremendo si se compara con segunda o tercera clase) que murió en el Titanic. Meses antes una pitonisa le había dicho: "Ten cuidado con el agua". Cuándo se produjo el caos Edith Evans se bloqueó al recordar la predicción y no pudo más que asumir su muerte en unos últimos momentos horribles.

Esta documentado que Archibald Butt, asesor de los presidentes de USA, tuvo durante las semanas previas muy malos presagios y sueños. Su muerte confirmó su intuición.

Mientras todo se desmoronaba los músicos del Titanic seguían tocando con suma dedicación, la mayoría de las fuentes apuntan a que sonaba el bello himno "Nearer my god to thee" (más cerca de de ti Dios en español) y esto provocó que en múltiples funerales de las víctimas se entonara con pasión. Alguno de los músicos, en los últimos momentos, debía pensar que hubiera sido mejor escuchar las advertencias de su madre que no veía con buenos ojos la opulencia y grandeza sin límites del Titanic. La intuición femenina no fallaría una vez más. 

712 personas de 2.209 se salvaron. Debe ser horrible morir en aguas gélidas, ahogado o por hipotermia (es curioso conocer que los últimos que mueren por hipotermia son los que menos se mueven en el agua), pero vivir con ese recuerdo -esas imágenes de pavor o esos gritos desgarradores- en la mente no tuvo que ser nada fácil para los atormentados supervivientes.

Tras la colisión, se pidió ayuda al gemelo de la White Star, el Olimpic, pero su capitán llamado Haddock (efectivamente, cómo el de Hergé en Tintin) tuvo que afirmar con mucha impotencia que estaba lejos. El Carpathia, que estaba más cerca pero no lo suficiente, sólo llegó para salvar a las pocas almas que habían subido a los botes. Y entonces, ¿quién era el barco del que se veían las luces mientras el Titanic se hundía? al parecer una embarcación noruega que de manera ilegal patrullaba aquellas aguas en busca de focas. Este barco vio las bengalas que se lanzaron desde el Titanic y de acudir en su ayuda hubiera podido salvar a la mayoría de los pasajeros...pero huyó creyendo que se trataba de señales realizadas por autoridades policiales. Y mientras la paradoja, ya que los pasajeros del Titanic veían en esas luces cercanas su esperanza.

Un triste colofón para una más triste historia. Y cómo en todas las tragedias, una historia con sus misterios que posiblemente nadie descifrará.




1 comentario:

  1. Que de misterio hay en este barco; increibles y tristes historias, es una pena que muchas de ellas nunca se conozcan.

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